Ocupación sumergida, demanda de trabajo y población activa

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Ahora toca aflorar la ocupación sumergida: lo que dice el refrán: ‘Cuidado con lo que deseas’. Si la ocupación sumergida emerge los contratantes tendrán que pagar por esos trabajadores a la Seguridad Social, y los contratados tendrán que pagar impuestos directos (indirectos ya pagan) … si quienes contratan les salen los números tras añadir unos impuestos que ahora se ahorran, y si quienes van a tener que pagar impuestos por lo que cobran no llegan a la conclusión de que no van a poder vivir con lo que vayan a cobrar y deciden cortar calles, viales y autopistas (y alguna vía férrea).

‘Cuidado con lo que deseas’: ¿cuántas empresas españolas hoy pueden existir debido a lo que defraudan?; eliminando el fraude, ¿podrían seguir existiendo?; ya: se pueden reducir los tipos impositivos directos, y las cotizaciones sociales, mucho, mucho (si la UE acaba dejando, claro), y reducir gasto público en vertical a fin de compensar esos menores ingresos: si España ya tiene uno de los menores gastos por habitante en protección social, ¿qué pasa si baja más?, pues nada, ¿qué va a pasar con un paro del 20,5% y subiendo.

‘El desempleo bajará: emergerán empleos’, pensará el Gobierno, ¿seguro, o emergerán pluriempleos y subempleos?, y también aumentará la población activa, ¿no?: población ahora inactiva que pasará a estar ocupada. ¿Descenderá el subempleo o aumentará el paro?.

Y, ¿por qué no se mete en la ecuación el fraude fiscal?: 6,5% del PIB (estimado), ¿sería como pescar en un barril, no?. Una explicación: la dio el Sr. Pedro Solbes, en una comparecencia en el Senado del reino el 15 de Junio del 2004: “Puede ser enormemente atractiva la idea de gravar la fiscalidad del capital, pero ¿qué hacemos si se nos va”. (El País 16.06.2004). Extrapolen.

Ahora las cosas se están volviendo a replantear. Para-lo-que-se-dijo-que-iba-a-servir la Reforma Laboral … un fracaso: la tasa de temporalidad no ha disminuido, la tasa de desempleo ha aumentado, pero en algo sí ha funcionado: el poder adquisitivo de los salarios medios ha caído respecto a tiempos pasados. Pienso que quienes deciden ya han llegado a la conclusión de que el paro en España no va a descender -en base a lo que por ‘descender’ se entiende- porque es imposible: si el número de bienes y servicios que produce un modelo productivo intensivo en factor trabajo no va a más es imposible que se emplee a más trabajadores y que descienda la tasa de paro.

En un escenario como ese sólo hay dos opciones: 1) que la población activa descienda: que parte de la población inmigrante retorne a sus lugares de procedencia, que oleadas de personas dejen de buscar trabajo hartas de no encontrarlo, que se modifique la definición de población activa, …, y 2) que se reparta la cantidad de trabajo existente. Pienso que la primera opción está siendo seriamente considerada porque tiene muchas posibilidades, aquí y en todas partes, pero su implementación es lenta: lleva tiempo; la segunda es rápida, y por ahí, sigo pensando, se está yendo, lentamente, claro: hay que convencer a la población.

El PIB español está compuesto por bienes y servicios de medio y bajo valor añadido, por lo que la inversión orientada a mejorar la productividad es necesaria sólo en una mínima parte. Si el PIB español tiende a la baja, la ocupación a tiempo completo de la población activa española será imposible, por lo que, abandonada la vía de ‘intentar mejorar la productividad’ -a la relativamente baja necesidad de la inversión en España se añade una deuda de las empresas monstruosa: 130% las no financieras y 110% las financieras- el único camino que queda es ir ajustando el ‘trabajo disponible’ a la población activa existente, es decir, como la demanda de trabajo es la que es y, pienso, tiende a menos, la idea es ajustar la oferta de trabajo a la demanda de trabajo. ¿Cómo?, repartiendo el tiempo de trabajo y vinculando el salario a la cantidad de tiempo trabajado.

Hace unos meses empezó a hablarse en España del modelo alemán, ya saben: el Estado paga a las empresas las horas de cada trabajador que las empresas no precisan, y, además, el Estado forma a los trabajadores durante ese tiempo de no trabajo. El invento fue posible por dos razones: porque el Estado alemán tenía pasta y porque las empresas alemanas necesitaban horas de trabajo. Uds. leyeron aquí que el modelo alemán era inaplicable en España (de hecho ya no se habla de él), ¿la razón?: la inmensa mayoría de compañías españolas no necesitan horas de personas sino personas a tiempo completo, cuando las necesitan, claro, sino las despiden; y por eso la Reforma Laboral ha hecho más fácil despedir y más barato el despido.

También durante un tiempo se insinuaron en España las posibilidades del modelo holandés, pero eso aún era más imposible: si los salarios medios españoles ya son bajos trabajando a tiempo completo, ¿cómo va a estar dispuesta/o la/el trabajadora/or medio español a renunciar a parte de su remuneración para tener más tiempo libre?. (A eso añadan una deuda de las familias que casi alcanza el 100% del PIB y que hay que tratar de pagar cada mes).

Bien, pues se ha decidido tomar el camino del medio: repartir el tiempo de trabajo que haya entre la gente que haya dispuesta a trabajar. ¿Cómo?, vendiendo la idea de que si la demanda de trabajo lo tiene más fácil: si las empresas tienen la posibilidad de flexibilizar las condiciones de contratación y de organización del trabajo vía negociación colectiva, unido a lo que ya ha aportado la Reforma Laboral, la demanda de trabajo crecerá, es decir, se contratará a más personas, siempre y cuando la oferta de trabajo se adapte a las condiciones salariales y organizacionales de cada empresa: abaratando el precio del trabajo, cambiando horarios, reduciendo jornadas, intercambiando personas y lugares de trabajo. A partir de aquí, los trabajadores españoles se empobrecerán, pero como los costes de producción descenderán, las exportaciones aumentarán.

También lo han leído aquí: es imposible crear ocupación por ley: la demanda de trabajo es la que es en función de sus necesidades productivas. Por su parte la oferta de trabajo también es la que es y si es mayor que la demanda y no decrece el resultado es el desempleo. El problema de España es que hoy su oferta de trabajo es muy superior a su demanda de trabajo, pero empobreciendo a esa oferta de trabajo la demanda de trabajo no va a crecer, y no lo va a hacer porque no la va a necesitar, ¿ o es que alguien piensa que únicamente España va a mejorar su competitividad?. Ahora quienes deciden quieren convencer a la opinión pública que hace falta un sacrificio: reducir los salarios para que el desempleo desciende, lo que, pienso, es absolutamente falso: los países con mayores salarios, no son los que cuentan con una tasa de paro más elevada, ni con PIB de bajo valor añadido, ni con bajas productividades.

Aquí, en España, se quiere ir por el lado de abaratar el trabajo, empobrecer al trabajador, y reducir los costes laborales de aquellas empresas que puedan sobrevivir, prometiendo que si se acepta eso el empleo aumentará. Del fraude fiscal que cometen las empresas se mantiene un silencio sepulcral, claro, y sobre la productividad de la empresa española media un silencio total. Y luego alguien va diciendo por ahí que España ya está a punto de ‘ir bien’.

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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