Lo que hay más detrás, aún, de la EPA

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Se dice que las comparaciones siempre son odiosas, pero lo cierto es que, en la mayoría de las ocasiones, no son posibles, y si se fuerzan salen cosas raras. España, dejando al margen si ha llegado ya, o no, a los cinco millones de desempleados, no debe compararse con una economía que tiene un bajo nivel de desempleo, puede, pero no debe, ¿por qué?, pues porque la estructura del PIB de España es radicalmente diferente a la de cualquier país que hoy tenga una baja tasa de paro, y números iguales estarán indicando cosas diferentes. Alemania sirve de ejemplo.

Alemania hoy muestra un nivel de desempleo del 7,1%, claro que eso es una media: en zonas de los Estados del Este se supera el 20%. La economía alemana está hoy donde está porque desde hace más de un siglo cuenta con una estructura de PIB que ha posibilitado que se fuese decantando hacia fabricados de creciente valor, una estructura que ha incentivado la inversión y el consumo creciente de bienes de capital, al revés de España.

A Alemania, en los últimos veinte años se le han permitido dos cosas muy gordas: que se reunificase pagando el resto de Europa parte de la factura y dos incumplimientos del PEC, y a España no se le ha permitido nada de eso; claro, claro, a Alemania se le permitió porque es un peso pesado y España es un peso gallo, y no, no piensen en los fondos estructurales que España ha estado recibiendo: Alemania estuvo de acuerdo a fin de comprar su ‘Sí’ a la entrada de los PECOS, y su estructura de PIB ha sido de las más beneficiadas por tales fondos, y no, no estoy justificando nada a España: España, aunque aún no existiera, empezó a hacer insensateces en el siglo XIII, y por esa línea ha ido siguiendo, hasta hoy.

Alemania ha contado con el euro, y España, pero a aquella el euro le ha aportado, le ha añadido, cosas reales, a España el euro le ha sumado cosas ingrávidas: la defensa que proporciona la masa, el humo del ‘España va bien’. A España el euro le ha aportado no estar peor, a Alemania estar bien (claro que ahora Alemania empezará a pagar su dependencia del euro, pero eso, ahora, es otra historia).

Alemania, con la bolsa llena tras años de solidez y con un nivel de fraude fiscal que es la mitad del español, con un modelo productivo que necesita ‘horas de trabajo’ y no tanto ‘personas’, ha podido implementar una serie de mecanismos que han compensado el factor trabajo que su modelo ha dejado de necesitar: pagando en Estado horas de trabajadores que las empresas ya no necesitaban a cambio de que no despidieran, manteniendo en la ‘reserva’ cinco millones de trabajadores en espera de destino; ¡y qué bien que han podido hacerlo!, pero España necesita, cuando las necesita, personas, y su Estado no tiene la bolsa llena, y el fraude fiscal llega al 7% del PIB.

Alemania tiene una economía infinitamente más estable que la de España, muchísimo menos volátil: simplemente examinen la evolución del desempleo en ambas economías en los últimos veinte años: violentas oscilaciones en España, cambios mucho más amortiguados en Alemania, con lo que cuelga: sistemas de cálculo al margen, en la recesión postExpo y postOlimpiadas, España alcanzó una tasa de paro de casi el 25%, Alemania, en pleno proceso reunificador y padeciendo la recesión del 91, se quedó en el 9%. En el climax del ‘España va bien’, la tasa de desempleo española fue del 7,8%, a partir de ahí, para arriba, en Alemania la tendencia continuó descendiendo hasta llegar hoy al 7,1% mientras que España ha alcanzado el 21,3%, desempleo encubierto al margen.

Y las tan alabadas reformas alemanas del periodo Schröder, la Agenda 2010: recortes en muchas cosas, en derechos sociales, en el modelo de protección social, cierto, pero, ¿de dónde partía Alemania cuando aplicó sus recortes y dónde ha llegado?, ¿de qué lugar está a partiendo España en los recortes que ya está aplicando y dónde va a llegar?. Ya: es lo que hay, pero por eso mismo, las comparaciones, no.

El análisis de los datos de la EPA aproximan a lo que hay más detrás: una población activa menor de lo que debería ser, de lo que sería deseable que fuese, que no puede ser ocupada porque en el momento actual el modelo productivo español no la necesita. Salvando todas las distancias que quieran eso ya ha sucedido en el pasado: sucedió en el siglo XIX, y algunos se fueron a ‘hacer las Américas’; sucedió en los finales 50 y a lo largo de los 60, y bastantes se fueron a Europa; y sucede ahora, pero ahora no hay donde ir porque cada vez se necesita menos factor trabajo.

España siempre ha tenido un problema con su población activa: a lo largo de la Historia: o no era necesaria, o era sustituida por otra más eficiente, o no ha podido emplearla. Es un problema que está más allá del tiempo, y de los modelos vigentes. Y algo así, si la tiene, tiene una muy mala solución.

Por eso no se acaban de entender las palabras del líder del principal partido de la oposición: si ese partido estuviese en el Gobierno, ¿cuál sería la tasa de actividad de la economía española?, ¿y la tasa de desempleo?, ¿qué volumen tendría el desempleo encubierto?. Tampoco las del Gobierno: ¿de qué forma consiguió España alcanzar aquella magnífica tasa de paro del 7,8% sino a base de construcción pagada con crédito, consumo satisfecho contrayendo deuda, y turismo de gasto decreciente?. Son preguntas que nadie formula ni formulará.

Y sin olvidar que las cosas están en stand-by hasta el 22 M; ni que España necesita crecer como mínimo al 2% para generar ocupación neta. Son observaciones que muy pocos harán.

(¿Las protestas del Primero de Mayo?. En Haymarket, en el 86, había cosas que reclamar porque quienes podían dar les interesaba dar para poder ir-a-más . Hoy, pienso, casi, casi ni siquiera hay cosas que defender porque, yendo-a-menos, el objetivo de quienes podrían dar es meramente conservar).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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