Las empresas se están comportando como el Señor Scrooge

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Carlos Montero.

Una de las razones en las que se basan algunos analistas para defender un escenario alcista en las bolsas, es la inmensa liquidez que mantienen las empresas a nivel mundial, pero especialmente en EE.UU. Esta liquidez será destinada, o mejor dicho, está siendo destinada a ambiciosos planes de recompra de acciones propias, y a operaciones corporativas. En ambos casos, el mercado de valores será beneficiado.

Los analistas de The Intelligent Investor nos muestran algunos datos a este respecto. En el primer trimestre del año, las cinco empresas con mayores cajas –Microsoft, Cisco Systems, Google, Apple y Johnson & Johnson- añadieron 15.000 millones de dólares en liquidez a su balance. Sólo Microsoft aumentó 9.000 millones de dólares su caja, o 100 millones de dólares al día. La totalidad de empresas que forman el índice S&P 500 mantienen más de 960.000 millones de dólares en efectivo. Para tener una referencia de esta enorme cantidad, el Producto Interior Bruto español en el primer trimestre de 2011 fue de 270.620 millones de euros.

Por otro lado, el payout promedio de estas empresas (proporción de ganancias destinadas a dividendos a los accionistas) cayó un 28,9% en los últimos cuatro trimestres, lo que es el nivel más bajo desde 1936. Aunque los dividendos están subiendo en muchos de los casos, lo hacen a menor ritmo que la generación de caja, de ahí esta reducción del ratio.

¿Y qué están haciendo estas empresas con tanta liquidez en sus arcas?

Pues entre otras cosas, comprar empresas. Microsoft, la gran generadora de liquidez mundial, compró recientemente la firma de telecomunicaciones online Skype, por 8.500 millones de dólares, que aunque según muchos analistas es un precio elevado, es simplemente la cantidad de caja que Microsoft generó en el último cuarto.

Pero existe un gran problema con este uso, como afirmaba hace décadas el gran inversor Benjamin Graham. Este problema es que el interés de los gestores de la empresa, a menudo difieren del interés de los accionistas externos. Esto es especialmente cierto para las empresas gigantes con un lento nivel de crecimiento. “La más dudosa de las actuaciones empresariales, la gestión más ansiosa, es retener todo el dinero que sea posible dentro de la empresa”, escribió Grantham. “Para el accionista en cambio, lo más valioso sería tener la mayor cantidad de capital en sus bolsillos, para decidir si invierte en otra empresa”.

Los dividendos han recibido poca atención en el pasado reciente, ya que los inversores estaban favoreciendo aquellas compañías que utilizaban la generación de caja en comprar acciones propias. Los accionistas priorizaban un incremento en el precio de la acción de la compañía. Pero ahora, con la recuperación económica tímidamente asentada, muchas compañías se muestran renuentes a invertir fuertemente en su expansión. Otras empresas quieren mantener dinero en efectivo para posibles adquisiciones futuras. Por ello, el efectivo se encuentra inactivo, aun cuando las tasas de interés, después de inflación, son tan bajas, que a menudo producen un rendimiento negativo.

Benjamin Graham hizo tres sencillas propuestas en 1951 que merecen ser tenidas en consideración.

En primer lugar los inversores tienen que darse cuenta que el efectivo de una empresa es un valioso activo, incluso cuando los tipos de interés son tan bajos. Si los gestores no hacen buen uso de ella, los inversores deben hacerse oír.

En segundo lugar, las empresas deberían establecer políticas formales de dividendos. Se debe establecer de antemano cuál es la proporción de los ingresos que se espera pagar como dividendo, o si el exceso de efectivo se va a destinar a recomprar acciones.

En tercer lugar, Graham creía que las principales empresas deben pagar dos tercios de sus ingresos en forma de dividendo. Esa proporción no es tan extrema como pudiera parecer, a pesar de que supondría más del doble de los niveles actuales. El pago de dividendos como porcentaje de beneficios totales, tiene un promedio del 52,3% desde 1936 y el 46% en las últimas décadas.

Si las empresas elevaran su pay-out al 50%, pondrían un extra de 207.000 millones de dólares en mano de los inversores, y un gran impulso a su capacidad de consumo.

Las empresas se están volviendo muy rácanas con el dinero de sus accionistas. “Ganan más que nunca, pero pagan menos que hace décadas. Puede usted llamarlas Scrooges (tacaño de la obra de Dickens “Cuento de Navidad”) si lo desea”.

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