El declive del imperio estadounidense: el ‘infierno’ todavía está por llegar

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Jose Luis de Haro | Nueva York

Aunque parecía que el pulmón económico del planeta había sobrevivido a la crisis financiera del 2008, los problemas estructurales y su dependencia financiera podrían confirmar lo que muchos ya rumorean: el fin de la hegemonía norteamericana está por llegar.

Con una caída en los precios de la vivienda del 33% desde su máximo en pleno auge de la burbuja subprime y una tasa de paro del 9,1%, la situación está lejos de mejorar. De hecho, el último presidente en ser reelegido como inquilino de la Casa Blanca con una tasa de paro del 7,2% fue Franklin Delano Roosevelt. Tampoco debemos olvidar que uno de cada seis ciudadanos sobrevive gracias a los cheque-alimentos o food stamps, esponsorizados por el gobierno federal.

Los que no han perdido su casa, sufren por llegar a fin de mes. Millones de familias tienen cada vez más dificultades para pagar las cuentas. Los salarios se han mantenido planos durante los últimos años y, sin embargo, el coste de la mayoría de los productos básicos no ha hecho más que subir.

Según Brent Meyer, analista económico del Banco de la Reserva Federal de Cleveland, el coste de los alimentos y el coste de la energía han aumentado a una tasa anualizada del 17% en los últimos seis meses. ¿Alguien ha visto una subida de sueldo equivalente?, parece que no. Una encuesta reciente señaló que el 26% de los estadounidenses han pospuesto sus visitas al médico debido a la maltrecha salud de sus carteras. Lamentablemente, muchas familias estadounidenses no serán capaces de permitirse el lujo de ir al médico.

Sin trabajo durante meses

Por otro lado, un sondeo de CBS News indicó que el 45,1% de todos los estadounidenses desempleados han estado sin trabajo durante al menos seis meses. Eso es un porcentaje más alto que en cualquier momento durante la Gran Depresión. Hace apenas dos años, el número de “desempleados de larga duración” en el país alcanzaba los 2,6 millones de personas. A día de hoy, esa cifra ha subido hasta los 6,2 millones.

En estos momentos, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, se encuentra atado de pies y manos. No es para menos puesto que el banco central de EEUU se ha quedado sin balas en la recámara mientras el comatoso crecimiento económico se ha convertido en el ‘new normal’: una raquítica expansión del PIB, un desempleo leonino; y un mercado inmobiliario en caída libre, se consideran ya circunstancias de normalidad a este lado del Atlántico.

Para colmo, la agencia de calificación Fitch ha advertido de que podría hundir la nota de EEUU a ‘B+’ si no cumpliera en agosto con sus vencimientos de deuda. El aviso llega después de las advertencias similares de Moody’s y la puesta en cuarentena (o perspectiva negativa) de Standard & Poor’s.

Bernanke habla de crecimiento

Las palabras del guardián de la Fed el martes reflejaron lo que ya muchos esperaban: Bernanke y sus chicos han rebajado considerablemente sus expectativas sobre el crecimiento real de la economía de EEUU, que quizás recupere algo de brio en la segunda mitad del año. Sin embargo, esta previsión “es toda una decepción si tenemos en cuenta que durante la primera mitad de 2011 el PIB del país se ha expandido menos de un 2%“, indicó en una nota a sus clientes Jay Hatzius, economista jefe de Goldman Sachs.

El Libro Beige de la Fed, documento que recoge la evolución de las condiciones económicas en los 12 diferentes distritos del, mostró que cuatro de los estados más importantes, Nueva York, Filadelfia, Atlanta y Chicago, registran signos de desaceleración económica, algo que refuerza la teoría del estancamiento. Además, no hay que olvidar que el polémico QE2 expirará a finales de este mes. Con este panorama, donde la inflación se ha disparado durante los últimos tres meses, algunos descartan nuevas medidas de este estilo.

“Es necesario que la Fed se retire para que la economía encuentre su propio rumbo, no podemos continuar estimulando de forma artificial esta situación“, indica Ken Polcari, director de ICAP Equities. En estas circunstancias es difícil que Bernanke pudiera justificar ante el Congreso una nueva ronda de estímulo. Las opciones son mínimas: no actuar, extender el actual QE2 o esperar que una crisis de liquidez en la UE justifique un nuevo desembarco del ‘helicóptero Bernanke’.

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