Abr
Salsa Bechamel

Salsa Bechamel
SALSA BECHAMEL
La Salsa Bechamel (se pronuncia beshamel) también denominada salsa blanca o besamel, es una salsa más bien espesa, que se elabora añadiendo leche a un roux (una harina frita en una grasa o acite, que por regla general es mantequilla combinada con aceite). Es una salsa que se emplea fundamentalmente en la elaboración de platos gratinados, pastas y/o ciertas verduras. La receta de esta salsa ha ido cambiando a lo largo de los años y además de sus propias virtudes, es utilizada como la base de otras salsas de la cocina.
La primera receta conocida, aunque era bastante diferente de la actual bechamel, apareció descrita por primera vez en el libro de cocina denominado Le Cuisinier François, (publicado en 1651), del cocinero de Luis XIV, François Pierre (de) La Varenne (1615 – 1678), aunque el origen de la Salsa Bechamel no está del todo claro.
En efecto, La versión italiana dice que los cocineros florentinos de Catalina de Medici (1519-1589), que la acompañaron a Francia cuando se casó con Enrique II de Orleáns en 1533, fueron los inventores de esta exquisita salsa, sin dar mayores pistas sobre el nombre de tales cocineros, el lugar o circunstancias de la invención, aprovechándose esta versión de la indudable buena influencia de la cocina italiana en la gala y además del hecho histórico de que gracias a esta reina comenzó la revolución de la cocina en el país galo, como muy bien decía Antonin Carème en 1822: “Los cocineros de la segunda mitad de siglo XVII supieron del gusto de la cocina italiana gracias a Catalina de Medici que la introdujo en la corte francesa”.
Otra versión también atribuye su creación a un noble, en este caso al marqués Louis de Bechamel (1603-1703), financiero de las campañas bacaladeras de Terranova y administrador en la corte de Luis XIV, del cual cuentan que la inventó para acompañar al bacalao seco, pero lo cierto es que no hay constancia histórica que indique que este hombre tuviera aficiones culinarias más allá de las lógicas de un noble, la de comer simplemente.
La otra es la autoría de la salsa al cocinero François Pierre de la Varenne, (1615-1678) cocinero de Luis XIV, como vemos contemporáneo de Bechamel y uno de los fundadores de la cocina clásica francesa, el cual escribió el libro Le Cuisinier François en 1651 y fue en dicho libro, tal como mencionamos antes, en donde por primera vez se tiene constancia escrita de esta receta, la cual llevaría el nombre como un halago al marqués Louis de Bechamel, algo muy de moda en la época y tal como hemos visto muchas veces a lo largo de la historia, en la que se les rinde homenaje y honores a ciertas personas de importancia social o histórica, bautizando con su nombre al plato o postre creado. Esta última versión parece la más creíble.
ELABORACIÓN
Dependiendo del uso que se le vaya a dar a la salsa, se puede elaborar más o menos espesa, pero la finalidad es la de hacer una salsa para gratín, una de las aplicaciones más populares es la de la lasagna o pasticho. Si se va a usar para croquetas se hace de forma tal que solidifique, con lo que el nombre de salsa quedaría en entredicho. Sin embargo cuando se usa para cubrir canelones, lasañas o para las espinacas a la crema (o cualquier pasta elaborada con la salsa), se suele hacer más ligera y fluida. En este sentido no existen unas proporciones y las que vamos a indicar a continuación, son meramente orientativas, pues tal como señalamos, dependiendo del uso que vaya a dársele, deberá ser más o menos espesa.
Ingredientes:
Un litro de leche.
100 gramos de harina de trigo.
100 gramos de mantequilla.
Un chorrito de aceite de oliva.
Un pellizco de sal.
Nuez moscada al gusto.
Pimienta blanca al gusto.
Preparación:
En la primera fase de la preparación difieren los procedimientos dependiendo si se siga la corriente italiana o la francesa.
Los primeros son partidarios de calentar al fuego muy bajo la mantequilla con un chorrito de aceite, en una sartén preferiblemente antiadherente. La presencia del aceite es necesaria, para evitar que la mantequilla se ponga negra. Una vez calientes y amalgamadas las grasas del aceite y de la mantequilla, se vierte poco a poco la harina, removiendo con cuchara de madera, para evitar que se formen grumos y hasta que la harina se torne (muy ligeramente) algo más oscura.
Los franceses en cambio, comienzan la elaboración uniendo en frío la mantequilla y la harina, mezclando y amasando hasta que adquiere consistencia homogénea y de “masa”. Esta masa se separa en cuatro o cinco pedazos más pequeños.
En una olla con tapa de tamaño suficiente para que quepan los ingredientes y se pueda trabajar en ella cómodamente, se vierte la leche con el pellizco de sal, se coloca sobre la hornilla a fuego muy bajo y se le añade o bien la mezcla de harina ligeramente tostada, aceite y mantequilla, bien las pociones de masa, según hayamos escogido uno u otro método para la preparación.
Una vez la mezcla en la olla, revolvemos lenta y constantemente hasta que la mezcla esté disuelta, se cocine hirviendo, y seguimos revolviendo de vez en cuando mientras la mezcla se reduce (concentración del sabor y aumento del espesor de la textura, a través de la evaporación del elemento líquido, que se produce mientras la mezcla hierve y la removemos), dependiendo de la finalidad para la cual tengamos destinada la mezcla, pues dependiendo de ello se va a necesitar más o menos espesa. Si bien podemos corregir la textura de la mezcla añadiendo más harina o más leche si nos quedo muy liquida o muy espesa, respectivamente, se recomienda que el punto que queramos de textura se logre por reducción y no añadiendo o quitando harina o leche. Las primeras veces que la elaboremos, posiblemente tengamos que añadirle más leche, pues con el proceso de hervido y reducción posiblemente nos quede muy espesa. Con el tiempo y la práctica, ya sabremos “a ojo” la cantidad exacta de ingredientes con anterioridad y de acuerdo a los fines para los que necesitemos la salsa.
Una vez que la mezcla tenga luzca homogénea, parezca algo “perlada” y esté a punto de alcanzar la textura que queremos, añadimos la nuez moscada y la pimienta al gusto y removemos unos cinco minutos más. Se rectifica el sabor, añadiendo más sal, nuez moscada o pimienta y verificando que no tenga sabor a “harina cruda” y se apaga, dejándola reposar un rato antes de utilizarla, para que adquiera la consistencia final.
Trucos:
La clave del éxito de una buena Salsa Bechamel, está en su textura: ligeramente perlada y sin un solo grumo y en su sabor, evitando el sabor a “harina cruda” que sucede cuando se ha cocinado muy poco en aras de la prisa. Si por cualquier causa nos ha quedado grumosa, la única solución es pasar la salsa por un colador fino. No hay otra.
Muchas amas de casa y cocineros no profesionales, utilizan el truco de mezclar en frío la leche, la harina y la mantequilla en una licuadora, ayudante de cocina o robot y después verter esa mezcla en la olla a fuego lento e irla removiendo y reduciendo hasta que cocine bien y adquiera el punto deseado. Si bien es un método práctico, pues omite una de las primeras fases de elaboración descritas antes y los resultados poco difieren del resultado original, se separa del canon estricto y por ello muchos puristas no están de acuerdo con este método de elaboración.
Los mejores resultados se obtienen utilizando nuez moscada entera y rallándola directamente sobre la mezcla de la salsa, pues el perfume así obtenido es mucho más intenso y natural y requerimos utilizar menos cantidad que si utilizamos el producto ya rallado comercialmente.
La Salsa Bechamel una vez preparada y fría, se puede guardar en la nevera durante varios días sin temor a que pierda su buen sabor y textura. En este caso, antes de usarla, se le debe retirar previamente una capa de “nata” más bien de aspecto seco, que se le debe haber formado por encima a causa del frío.
Para preparar platos gratinados, la Salsa Bechamel no tiene comparación, en este caso se vierte la salsa por encima de lo que vayamos a gratinar y se le añade por encima queso rallado, en especial pecorino, gorgonzola, parmesano o algún otro queso fuerte y maduro, como por ejemplo el manchego, y se lleva directamente al horno o gratinador por unos minutos. El resultado es inmejorable y convierte cualquier plato sencillo en un plato de alta cocina.
Para aquellos que les gusta la comida hindú y oriental, existe una versión de esta salsa que en vez de nuez moscada utiliza curry. Para quienes gusten del uso y sabor de esta mezcla de especias, sustituyan la nuez moscada por el curry y disfrutarán de un sabor realmente magnifico que se adecúa perfectamente tanto a pastas, como a pescados y carnes.
La Salsa Bechamel tal como indicamos antes, es también la base de muchas salsas que se utilizan en cocina, como por ejemplo la muy famosa salsa Mornay. Posteriormente incluiremos el origen y la preparación de algunas de estas salsas aquí en Platos Típicos.
Buen apetito y que os aproveche !!!












