Pese a la caída del rendimiento que se espera en depósitos, fondos y deuda, sigue sin ser aconsejable apostar por opciones más agresivas; podría perder más aún. Algunos se olvidaron antes de la crisis de este binomio: seguridad/rentabilidad. Y lo habrán pagado muy caro, porque llegaron a creer que apostar por activos financieros que habían logrado altas rentabilidades en el pasado y las prometían para el futuro no iba a suponer tanto riesgo. No lo olvidarán nunca.
Y lo tienen también muy presente, cada vez más presente, aquellos ahorradores a los que las informaciones sobre la necesidad de recapitalización de algunas entidades financieras europeas les ha metido el miedo en el cuerpo. Para ellos no es el momento de dejarse llevar por los cantos de la rentabilidad, especialmente ahora que empieza a caer la inflación. Es la hora de la seguridad. Sin embargo, es difícil no caer en la tentación de las altas ofertas de remuneración incluso del mercado bursátil, cuyos bajos precios en las cotizaciones podrían augurar unas buenas rentabilidades a medio y largo plazo.
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Pero los expertos creen que todavía no es el momento, porque el riesgo sigue siendo elevado. «El inversor debe seguir buscando refugio en fondos del Gobierno a pesar de que renuncie a la rentabilidad. No pensamos que el mercado pague la decisión de invertir con un mayor grado de riesgo», explica David Ureña, experto en mercados y gestión de carteras de Banco Madrid.
Mucha oferta y demanda
El problema es que la caída de la inflación y la bajada de los tipos puede hacer que disminuya la rentabilidad que ofrecen los activos financieros más conservadores, aquéllos por los que están apostando en los últimos meses los ahorradores (depósitos bancarios, deuda pública, deuda privada…). Hace un año, la rentabilidad de las Letras del Tesoro superaba el 4%. Ahora se sitúa algo por encima del 3% y Guillermo Escribano, director de inversiones de Metagestión, espera que se mantenga a esos niveles durante lo que queda de año, pero «seguramente, bajará hasta el 2% en 2009».
Sin embargo, con la deuda pública a largo plazo (a 3, 5 ó 10 años) puede ocurrir lo contrario. La mayoría de los Estados se encuentran en la necesidad de aumentar sus déficits para hacer frente a los altos compromisos que han adquirido para sostener el mercado financiero, en un momento en el que disminuyen sus ingresos fiscales por la reducción de la actividad económica. Para financiarse, los Estados tendrán que emitir más deuda. «La gran afluencia de papel, sobre todo de países periféricos, va a provocar que la retribución sea más generosa, aunque esto puede ser un factor de riesgo para los plazos más largos», explica David Ureña. Pero María Fernández, de Inversis, discrepa de que esa creciente oferta aumente las retribuciones de la deuda ya que, de otro lado, los inversores están ávidos de invertir en deuda pública y se está produciendo ya un importante incremento de la demanda.
Es muy probable que para atender esa creciente demanda de los ahorradores, asistamos en los próximos meses a la reaparición de la deuda privada. Tras la caída de Lehman Brothers, la renta fija privada desapareció prácticamente del mercado ante la desconfianza que suscitaba entre los ahorradores. Ahora comienzan a aparecer emisiones y ante ellas sólo cabe recomendar prudencia a los ahorradores y evaluar el binomio seguridad/rentabilidad: a más seguridad, menos rentabilidad y a más rentabilidad, menos seguridad.
Depósitos competitivos
Lo que dicen también los expertos es que habrá que esperar una caída de la remuneración que están ofreciendo las cuentas y los depósitos bancarios, hacia los que se ha ido una parte importante del dinero que los ahorradores más conservadores tenían en fondos de inversión monetarios. Suele ser la reacción normal cuando los mercados enfilan una senda de bajada de tipos como la que se ha iniciado en todo el mundo. Pero, Manuel Colinas, del Instituto de Estudios Económicos, opina que «si las turbulencias financieras no decaen en los próximos meses, es muy posible que sigamos viendo depósitos muy atractivos hasta ya entrado el 2009». No hay que olvidar que el gran problema del sistema financiero es en estos momentos la falta de liquidez.
En este escenario y ante la imposibilidad de encontrar dinero en los mercados internacionales y en el mercado interbancario (préstamos entre entidades financieras) uno de los escasos recursos para encontrar liquidez es el pequeño ahorrador. Y para conseguir su dinero se mantendrá la dura competencia en forma de altos tipos de remuneración, regalos y otras condiciones especiales. Asistimos a nuevas ofertas de las entidades líderes que han optado por elevar los tipos de interés, aunque sin llegar a las propuestas de otras entidades menores. Pretenden con ello dar rentabilidad, pero también seguridad. Intentan la cuadratura del círculo, la oferta perfecta en la que, ahora más que nunca, piensa cualquier ahorrador: alta rentabilidad con la máxima seguridad. Éste, sin duda, es el momento de la seguridad. Y, probablemente, durante un buen tiempo. Las entidades financieras y las gestoras de fondos están empezando adecuar su oferta de productos y servicios a esta realidad.
Fuente: Finanzas (08/11/2008)
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