Video de fantasma en la TV

En un estudio de grabación de la localidad de Churubusco en México, hace más de 3 años murió un técnico mientras participaba de la filmación de una película. En ese estudio mucho se comenta de la presencia de fantasmas y espíritus.

En esos mismos estudios se graba el programa “Ya es mediodía en China”, que se emite por el canal Sony TV para toda Latinoamérica. En uno de los programas, mientras estaba siendo entrevistada la actriz Maribel Verdú, la cámara capta una especie de luz amorfa al fondo del decorado, que se pasea en pantalla y luego desaparece.

En los videos de youtube, hemos encontrado el video de este “fantasma de televisión”.

Click here to view the embedded video.

Pudo haber sido algún error técnico, un reflejo, pero la imagen es al menos inquietante.

vía: Videos graciosos – LocuraBlog.com

 
In the name of the ART

El artista conceptual belga Wim Delvoye tiene por oficio, entre otros, la curiosa manía de tatuar la piel de los cerdos. Wim se reconoce tan artista como vegetariano, lo cual denota alguna que otra contradicción en sus actitudes, pero el caso es que el tipo ha hecho de la capa externa de los porcinos una excéntrica forma de cultivar su arte.

Llama la atención que la Ley, que permite que a los cerdos se le pueda perforar la cabeza con agujas, entre otras atrocidades, para después comérselos, prohíba sin embargo que se les pueda tatuar la piel, sea como sea.

Dicho esto, el artista Wil Delvoye ha tenido que comprarse una parcela de terreno en China para poder poner en práctica sus manías artísticas. Lo hace desde los años 90, entre sus otras facetas.

Famosas son también sus máquinas Cloaca o su exposición Siete consideraciones sobre el sexo, los rayos X y los cochinos, pero está claro que sus cerdos tatuados no tienen parangón. Según explica Wil, cuando el animal muere, él se encarga de disecarlos o bien extender la piel sobre un lienzo para que pueda conservarse “íntegra” la obra.

De lo que esto derive, sólo podremos saberlo con el tiempo. No obstante, en Moscú ha comenzado a ponerse de moda el “ejercicio” de tatuar felinos. Para muestra, un par de ejemplares aquí, el diseño Tutankhamon, y este otro tanto o más increíble.

Desde la citada revista, recogemos la entrevista publicada al artista Wim Delvoye.

 - ¿Por qué empezaste a tatuar cerdos?

 Empecé a tatuar pieles de cerdo que adquiría en los mataderos en 1994. Hasta 1997 no empecé a trabajar directamente en la piel de cerdos vivos sedados. Tatúo cerdos porque crecen rápido y son mucho más fáciles de tatuar que los peces. Los tatúo cuando son jóvenes, porque me gusta el modo en que la obra de arte se ensancha y se distorsiona con el paso del tiempo. En esencia, invertimos en tatuaies pequeños y recogemos pinturas grandes.

- ¿Alguna vez has tatuado a una persona?

Sí, claro. He tatuado a críticos de arte, marchantes y coleccionistas… y muchos traseros. Tropiezo con mis labores de aguja allá donde voy. Algunos diseños los pruebo primero en personas, y si funcionan, recreo el tatuaje en un cerdo.

- Para el observador atento, tu obra está repleta de contradicciones. Por ejemplo, ¿no eres vegetariano?

Sí, soy vegetariano. Y también soy muy, muy limpio. Me lavo las manos unas cien veces al día.

Ya ven, todo un histrión del "organic art" que en este vídeo se muestra claramente:

Si quieres ver sus trabajos o saber más acerca de este belga, puedes pasar por http://www.wimdelvoye.be



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Mascotas paranormales

Este extraño, o al menos curioso, artículo lo encontramos en ArtículoZ, un directorio de artículos online, y lo publicamos aquí…

Prueba 1. Paseos paranormales

Objetivo: Vas a intentar enviar un pensamiento telepático a tu mascota, para ver si recibe el mensaje. Antes de la invención del lenguaje, los seres humanos bien podríamos haber utilizado el pensamiento para comunicarnos. Las investigaciones indican que la telepatía funcioan mejor a un nivel emocional y cuando se involucran las sensaciones de los cinco sentidos. Asegúrate de que tu imaginación se desate, para poder enviar esa imagen con más facilidad.

Los experimentos

Perros:  Espera a que tu perro esté profundamente dormido en la sala, y lleva su correa a la habitacón. En un momento acordado previamente con un amigo, pídele que observe el comportamiento del perro mientras tú te paras en tu habitación sosteniendo la correa. Ahora imagina que estás llevando a tu perro en un paseo maravilloso. Imagina los paisajes, sonidos, y olores del exterior. Visualiza lo bien que la está pasando tu perro. Piensa en las palabras “a pasear, a pasear, a pasear” (o como habitualmente le digas).

Luego de unos pocos minutos tu amigo despertará con suavidad al perro.

  • 3 puntos si el perro va hacia tu habitación
  • 2 puntos si comienza a dar vueltas por la sala
  • 1 punto si sólo se echa nuevamente a dormir

Gatos: Puedes probar lo mismo con un gato, excepto que llevarás su plato de comida a la habitación. Imagina sirviéndole su comida favorita. Imagina el aroma, gusto, y textura, de un delicioso filete de salmón. Piensa en las palabras “a comer, a comer, A COMER!”

  • 3 puntos si va corriendo a tu habitación
  • 2 puntos si comienza a refregarse en las piernas de tu amigo, o si parece que desea comer
  • 1 punto si no hay reacción

Peces: Es posible realizar el mismo experimento con un tanque lleno de peces tropicales, y no hará falta salir de la habitacón. Simplemente observa el tanque, y comienza a pensar que hay comida cayendo desde la superficie, pero sólo en un extremo del tanque. Imagina también que el extremo opuesto es peligroso y hostil.

  • 3 puntos si la mayoría de los peces nadan hacia el lado donde imaginaste comida o reaccionan besando la superficie
  • 2 puntos si sólo unos pocos peces reaccionan
  • 1 punto si los peces siguen nadando normalmente

Prueba 2. Sintiendo el peligro.

El objetivo. Los poderes psíquicos pueden ser parte de un instinto ancestral de supervivencia, y los animales podrían sentir que determinados lugares son favorables u hostiles. Por ejemplo, se ha encontrado que las abejas invariablemente eligirán iglesias para construir sus panales. Se ha dicho que sienten las posibles vibraciones de estos lugares sagrados. El próximo experimento está diseñado para ver si tu mascota puede ser influenciada por señales hostiles proyectadas en su comida favorita.

El experimento

Perros y gatos: en una habitación separada de la de tu mascota, lleva dos piezas de su comida favorita, como un pedacito de salchicha o jamón. Toma una con cada mano, e imagina que una sabe horrible. Visualiza a tu mascota enfermándose por comerla. Es horrible, venenosa. Imagina tantas imágenes terribles como puedas, lo más vividamente posible. No hagas nada con la otra pieza de comida.

Regresa a la habitación donde se encontraba tu mascota, y coloca ambos piezas de comida frente a ella.

  • 3 puntos si sólamente come la comida “neutral”
  • 2 puntos si muestra dudas, o primero come la neutral y luego, desconfiadamente, come la contaminada psíquicamente
  • 1 punto si come ambas con entusiasmo

Peces: Divide una pequeña cantidad de comida para peces a la mitad. Contamina psíquicamente una mitad, de la misma forma que se explicó más arriba. Coloca a la vez la comida “contaminada” a la izquierda de la pecera, y la neutral a la derecha.

  • 3 puntos si los peces sólo se alimentan de la comida de la derecha
  • 2 puntos si en su mayoría se alimentan de la derecha
  • 1 punto si se alimentan indistintamente de ambas

Prueba 3. Anticipando tus intenciones

El objetivo. Muchas personas se han dado cuenta que sus mascotas perciben cuándo estás por llegar a la casa. Rascan la puerta, o se sientan a esperar tu arribo en la ventana con gran anticipación. Se ha dicho que los animales tienen un reloj interno y que en forma instintiva saben cuando es la hora en la que llegas a la casa del trabajo, por ejemplo. Para probar que su percepción es más que hábito, tenemos que “engañar” a nuestras mascotas. En este experimento veremos como responde tu mascota a tus intenciones.

El experimento:

Perros y gatos: Pasa un pedazo de comida deliciosa por el frente de la nariz de tu mascota. Haz muchas fiestas con la comida, pero no le permitas obtenerla. Ahora, sal de la casa y vete a dar un paseo corto, llevándote la comida contigo. Tu perro o gato esperarán tu llegada con ansias. Mientras estés fuera, un amigo deberá observar a tu mascota, y tomar nota exacta de la hora en que miren por la ventana o vayan a la puerta.

Mientras vas caminando, piensa en alguna otra cosa. Tan pronto como tomes la decisión de regresar, imagínate en forma muy vívida que le estás dando la comida a tu mascota. Toma nota exacta de la hora en la que decidiste regresar.

Cuando regreses, compara las notas con tu amigo.

  • 3 puntos si tu mascota respondió en el mismo momento en que decidiste regresar
  • 2 puntos si las reacciones de tu mascota sucedieron luego de ese momento
  • 1 punto si sólo hubo una reacción cuando ya estabas a una distancia audible de la casa

Peces: Camina hacia la pecera de tus peces tropicales y observa su reaccón. Haz lo mismo nuevamente, esta vez llevando su comida, pero sin ninguna intención de alimentarlos. Observa su reacción. Por último, camina hacia la pecera y alimenta a los peces.

  • 3 puntos si los peces reaccionaron sólo antes de ser alimentados
  • 2 puntos si reaccionaron cuando llevabas la comida, y antes de ser alimentados
  • 1 punto si no hubo ninguna reacción

¿Cómo les fue a tu mascota y a ti?

  • 9 a 7 puntos. El lazo entre tu mascota y tú es tan fuerte que deben tener una empatía paranormal.
  • 6 a 4 puntos. Estás en sintonía con tu mascota, pero uno de los dos no es psíquico. Sigue intentando!
  • 3 puntos. Ni tú ni tu mascota tienen poderes psíquicos.

Mas tips en www.mostvaluabletips.com/pets

¿Qué te parece?

 
Paranormal – Cap. 7 FINAL

SÉPTIMO DIA: (viernes)

Alejandro, un poco inquieto vio su reloj, faltaban diez minutos para las diez de la noche. Todos permanecían en la sala esperando.

- Papá ya tengo sueño - Iván bostezó profundamente.

- Yo también papá - Claudia igualmente protestó.

- Un poco de paciencia muchachos, ya no tardará mucho - Raquel contestando por Alejandro, echó un vistazo al reloj de la pared.

- Pero mamá ¿no tendremos que esperar hasta que se vaya? - Iván era el más enfadado.

- Iván, por favor, mañana no tienes clases - Alejandro encendió un cigarro.

- Pero es que empezarán otra vez a prenderse y apagarse las luces y bajará la temperatura - Claudia se arrellanó en el sillón restregándose los brazos con nerviosismo.

- Es que esto es necesario Claudia, precisamente para que ya no suceda - Raquel acarició el pelo de su hija.

La muchacha iba a contestar cuando sonó el timbre melodioso.

- !Allí esta ya! - Alejandro apagando su cigarro se levantó con rapidez.

Abrió la puerta encontrando a una mujer madura, pero aún muy atractiva, vestía enaguas negras, botas de piel negra, blusa negra y una pañoleta del mismo color amarrada a la cabeza que contrastaba con su blanca piel, parecía una misteriosa y bella gitana; completaba su atuendo un pequeño maletín de piel también negra, realmente se veía impresionante.

- Muy buenas noches, espero que sea el domicilio correcto - Olga sonrió.

- Si usted es Olga sí, es correcto - Alejandro contestó entusiasta y gratamente impresionado. Cuando la contactó por teléfono un día antes no se imaginó que fuese así, pensó que sería algo parecido a una bruja.

- Sí, soy Olga, y supongo que tú eres Alejandro - le extendió la mano amablemente.

- Efectivamente señorita, me da mucho gusto conocerla - le estrechó la mano con entusiasmo para enseguida decirle - Pase por favor, se lo suplico.

- El gusto es para mí, pero por favor, si no tienes inconveniente, no me gustan mucho las formalidades, así es que llámame de tú.

- Sí, por supuesto. Pasa por favor Olga - Alejandro hizo un ademán de cortesía para que avanzara la clarividente y experta en fenómenos paranormales.

- Muy amable. Con permiso - Olga dio unos pasos y se quedó viendo la casa en todas direcciones para luego exclamar - ¡Impresionante! … ¡Impresionantemente tétrica! ¡Eso me gusta! - Bajó la vista y reparó en el resto de la familia que la observaban en silenció, les sonrió.

Alejandro cerrando la puerta, la alcanzó y la llevó a la sala presentándole a su familia. Todos estaban asombrados con la enigmática belleza de la experta en los fantasmas, sobre todo Iván y Claudia. La bella mujer los saludó cordialmente, y enseguida  se sentaron. Cortésmente no aceptó nada de tomar, solamente un cigarrillo, que lo empezó a fumar con elegancia, al tiempo que escuchaba todos los detalles de los extraños sucesos de parte de Raquel y Alejandro.
Después, con notable habilidad, abrió su fino maletín y ante la fascinada mirada de los allí presentes, empezó a separar en la mesita de centro: Una botellita con agua y tapón de corcho que les dijo era bendita, un crucifico de plata, unas piedritas de cuarzo que les repartió una a cada uno, una pequeña linterna de mano, seis velas con sus portavelas también benditas, una palma bendita, y por último una especie de atomizador que les explicó, sobre todo ante la curiosidad de los muchachos, que contenía un polvo especial. Enseguida se puso de pie diciéndoles a los anfitriones con resolución.

- ¡Vamos! - el reloj de pared marcaba las 10.32 P.M.

Los muchachos se quedaron en el sofá al que previamente Olga rodeó con un círculo de piedritas de cuarzo, estos se cubrieron con una cobija gruesa a la luz  de dos velas benditas, ya que  las lámparas ordenó la misteriosa mujer que las apagaran. Comenzaron a subir las escaleras lentamente, alumbrándose solamente con  las velas que les dio y encendió a cada uno.

Terminaron de subir las escaleras y Olga se detuvo, levantó los brazos  con los ojos cerrados. Luego sacó la palma bendita y con ésta parecía cortar el aire en todas direcciones.

- ¿Qué pasa? - le inquirió Alejandro

- ¡Silencio, por favor! - la experta continuó avanzando.

Enseguida se escuchó con toda su fuerza el estrepitoso ruido ya tan conocido, como de un espejo que se rompe en mil pedazos. Los muchachos abajo gritaron, Alejandro alzando la voz les dijo que estuvieran tranquilos, Raquel también se había sobresaltado. Olga permaneció inmutable; con el agua bendita roció algunos rincones del pasillo. Llegaron a la puerta de la recámara donde el día anterior juntos con el clérigo habían escuchado la voz furibunda muy cerca.

Dieron los primeros pasos, estaba helada, muy helada; los perros de las casas cercanas comenzaron a ladrar furiosos. A lo lejos también se escuchó una ambulancia; la cazafantasmas avanzó hasta el centro mismo del cuarto, pareció concentrarse más, continuando los movimientos con la palma bendita.

- Una energía está muy cerca - lo dijo como para sí misma.

De pronto...Las luces se encendieron tenuemente, luego aumentaron su brillo un poco más para bajar nuevamente su intensidad, así se repitió varias veces hasta que se apagaron completamente. Olga musitaba quizá oraciones, entonces escalofriantemente se escuchó la voz áspera del adolescente diabólico proveniente de un lugar indefinido de la habitación.

- ¡Cómo están, estúpidos¡ ¿con que regresaron ahora con una payasa? … ¿Dónde está el padrecito? - La voz irónica y burlona la oyeron con toda claridad pero sin ubicarla exactamente.

Olga inmediatamente guardó la palma en su morral y sacó el crucifico, el cual lo levantó en la dirección que creía escuchar aquella voz, la intensidad de las luces nuevamente continuó subiendo y bajando. Luego se escuchó la voz rasposa, que decía:

- ¡Guarda eso estúpidaaaaa!

La experta localizó entonces la dirección, y sosteniendo el crucifico con una mano, con la otra sacó rápidamente el atomizador.

- ¡Que lo guardes, estúpidaaaa...Acaso no me oísteeee!

Con gran habilidad, Olga roció entonces abundantemente con el polvo especial. Enseguida todos vieron la figura del adolescente, ahora completamente blanco por el polvo, levitando a un metro de altura aproximadamente, su ropa era anticuada quizá del siglo XVIII.

- ¡Te vas a arrepentir, idiotaaaaa! - se replegó hasta un rincón levitando.

Olga con gran rapidez lanzó agua bendita en esa dirección, pero entonces a pesar del polvo desapareció, todo quedó en silencio.

- ¿Quién es ese ser, Olga? - Alejandro preguntó aquello con voz trémula, estaba muy impresionado.

- Es un Demonio menor.

- ¿Un Demonio menor? - se escuchó temblorosa la voz de Raquel.

- Sí, es un Demonio menor y espero no equivocarme - Ahora la mujer parecía un poco tensa.

- ¿Por qué crees que es un Demonio menor? - preguntó Alejandro en voz baja.

- Por sus características Alejandro. No puede mover objetos, sino, ya nos los hubiese lanzado, no tiene poder para ello; solo trata de asustarnos esperando que alguien esté mal del corazón.

Después se escucharon carcajadas por toda la casa.

- Es impresionante - musitó Raquel que no soltaba a Alejandro de la mano.

En eso, nuevamente se escucharon los gritos de los muchachos en la planta baja.

- ¡Está tratando de asustar a los chicos! ¡Vamos rápido! - Olga se movió con gran rapidez hacia la puerta de salida seguida por Raquel y Alejandro.

Bajaron las escaleras corriendo y al llegar a la sala encontraron a Iván y a claudia abrazados muy asustados.

- ¡Tranquilos muchachos tranquilos! ¡No pasa nada! ¿Qué fue lo que vieron? - Olga estaba muy controlada, parecía saber muy bien lo que hacía.

- ¡Prende la luz Alejandro! - gritó Raquel.

- ¡No, por favor! ¡Así déjenla! ¡Les aseguro que no pasa nada! - La voz de la experta sonó tajante.

- ¡Mamáaaa! ¡Papáaaa! ¡Llegó un niño flotandoooo! ¡Se detuvo ante la cerca de piedritas de cuarzoooo! - Claudia estaba histérica.

- ¡Tenía los ojos rojoooos! ¡Muy rojoooos! - Iván no soltaba a su hermana.

- ¡Vámonos de esta casa, papáaaa!- exclamó aterrorizado.

- Tranquilízate Iván, los que se tendrán que marchar son los fantasmas. ¿Verdad que así será, Olga? -Alejandro buscaba el apoyo de la exorcista.

- Así será Iván, Claudia, se irán, no son los primeros que expulso a su mundo, a su dimensión - Olga dirigió la mirada hacia la planta alta completamente oscura, luego les dijo - ¡Ahora escúchenme bien todos! - los miró con expresión seria, adquiriendo de pronto una recia y nueva personalidad, la de una mujer valiente, con carácter, decidida a todo.

- El niño diabólico sí es un demonio menor, pero hay otros seres que se han despertado, por decirlo así. Sobre todo uno; lo he sentido, este es peligroso.

- ¿Qué piensas hacer Olga?

- Lo siguiente, Alejandro - Olga lo miró a los ojos fijamente, estaba transformada.

- Es necesario que Uds. permanezcan también dentro del círculo de cuarzo. Además, les dejaré parte del agua bendita. Raquel, dáme un recipiente para pasarla - Y continuó- volveré a la planta alta yo sola. Pase lo que pase, escuchen lo que escuchen, no salgan del círculo ni se separen del agua bendita, además encenderemos dos velas más.

- ¡Olga! ¿Acaso es tan serio el problema?

- Más de lo que suponía, Alejandro. No son fantasmas chocarreros, bromistas y juguetones, como en la mayoría de los casos. Esta vez son seres perversos que, por algún motivo, permanecen aquí.

- ¡Qué motivos Olga, por dios! ¿Acaso es tan terrible?

- No sabría decirlo hasta dónde Raquel, pero es lo más probable, casi nunca me equivoco. La sensibilidad que tengo para percibir lo paranormal es parte de mi naturaleza, así nací… ¿Que por qué permanecen aquí esos seres? Es muy difícil saberlo, sólo sé que realmente están ahí, que el bien y el mal es una verdad universal; a veces hay lugares donde se cometieron crímenes horrendos. Puede haber fantasmas de diferentes épocas que no consiguen evolucionar al siguiente plano o dimensión, pero también entes oscuros saboreando aún lo terrible que aquí pasó.

Olga pareció entonces musitar una oración con los ojos cerrados. Enseguida comenzó a subir lentamente las escaleras, estaba de regreso. Alejandro le dijo que le permitiese acompañarla, pero ella se negó rotundamente. Ahora llegó al último escalón de las gradas; todos la observaban con tensión desde abajo. Después, desapareció con la tenue luz de la vela bendita en la oscuridad de los pasillos.

La mística mujer regresó a la habitación donde lograron ver hace un momento, a lo que la experta calificó como un demonio menor. Con el crucifico por delante revisó toda la enorme recámara que permanecía en un pesado silencio. También buscó en el otro cuarto amueblado, todo era silencio, sólo ruidos externos llegaban apagados, como de perros que no cesaban de ladrar, entre otros. Salió a los pasillos, entonces le pareció escuchar un ruido del otro extremo en donde había tres cuartos vacíos. Comenzó a avanzar en esa dirección sosteniendo con firmeza la parpadeante vela bendita. También traía su pequeña y potente linterna, que sólo utilizaba en casos extremos. Volvió a escuchar el ruido, aguzó el oído y lo captó mejor, era como algo que se arrastraba, un suave rozar de  tela con el piso. Llegó a uno de los cuartos, giró la perilla lentamente tratando de hacer el menor ruido posible; estaba sin seguro, empujó con mucho cuidado, pero aún así rechinó levemente cuando la abrió; sintió un aire helado y olía a  humedad.

Sus manos y rostro se tensaron cuando comenzó a penetrar, apretando el crucifico llegó hasta el centro, la sombra de su cuerpo se reflejaba grotesca en la pared a la tenue luz de la vela. Escuchaba su respiración más agitada de lo normal. De pronto, aquel  sonido lo volvió a escuchar; Ahora lo identificó y el corazón le comenzó a latir más apresuradamente, provenía de afuera, del pasillo y era un cuerpo que se arrastraba lentamente, pero sólo unos segundos y enseguida todo fue silencio nuevamente. Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la salida entonces; el tremendo estrépito de un vidrio enorme que se rompe en mil pedazos estalló en ese mismo lugar, allí donde se encontraba. No pudo evitar un grito; más enseguida se controló. Abajo, Alejandro le gritó:

- ¡Olgaaaaa! ... ¡Estás bieeeennnnn? - empezaba a subir los primeros escalones.

- ¡Sí, Alejandro! ¡Estoy bien! ... ¡Por favor, no subas! ... ¡Y regresa al círculo de piedras inmediatamente.

Alejandro regresó lentamente con su mujer y sus hijos, que estaban en el círculo de cuarzo y cuatro velas benditas.
Arriba, Olga salió de la enorme habitación a los pasillos nuevamente en la casi total oscuridad. Con su mano derecha sostenía el crucifico y con la izquierda la vela bendita. Todo nuevamente era silencio, agudizó los sentidos para escuchar mejor o ver cualquier cosa que se moviera. Ahora, empezó a escuchar un llanto al fondo, quizá en el último cuarto. Decididamente avanzó la valiente mujer con los músculos en tensión; ella contaba con mucha experiencia, pero esto era único. Sus sensibilidades le avisaban de que estaba llena de seres aquella casona. Cuando se acercaba al lugar donde el llanto se oía más fuerte y claro, de pronto cesó. Giró la perilla del tercero y último cuarto y lo entreabrió; también sintió una corriente de aire helado y humedad; empujó la puerta un poco más, la cual rechinó lúgubremente, y se introdujo; inmediatamente lo sintió sumamente frío. Llegó al centro, su sombra se reflejaba grotesca en la pared que se alargaba o encogía, según sus movimientos; permaneció unos instantes con los sentidos alerta, luego dio media vuelta para regresar. Había caminado tres pasos cuando se le enchinó la piel. Alguien empezó a sollozar en un lugar de la oscura habitación. Levantó la vela para iluminar más el lado de donde provenía aquel llanto. En un rincón distinguió una oscura mancha en el piso, entonces el llanto se hizo más lastimero.

A pesar de su acostumbrado aplomo, sintió los principios del terror. Sin embargo, haciendo acopio de todo su valor, se fue acercando lentamente. Sin soltar la vela, con la otra mano guardó el crucifico en su morral y extrajo la potente linternita;  tratando de sorprender a aquello, la encendió con rapidez lanzando el haz al rincón… Lo que vio le congeló la sangre en las venas, y un rictus de terror se configuró en su rostro conteniendo un grito.

Una horrible mujer de ojos rojos, cabello alborotado, y largas uñas; estaba sentada en el piso, la cubría hasta los pies, que no se le veían, una especie de túnica café. Con una mano acariciaba maternalmente al niño diabólico. El llanto ahora era doble; pero desquiciantemente vio en el paroxismo del terror que ambos seres sonreían, o sea, el llanto no existía, era satánicamente fingido. Luego, ante el parálisis de horror de Olga, la horripilante mujer comenzó a arrastrarse en su dirección sin dejar de llorar sonriendo. Entonces le dijo con una escalofriante cacofonía.

- ¡Agrediste a mi niño! ¡Eres una cerda estúpida!

El alarido se escuchó por toda la mansión. Alejandro le gritó:

- ¡Olga! ¡Olga! ¡Qué pasa? - Todo era silencio.

No lo pensó más, salió del círculo y corrió escaleras arriba. Raquel abrazó a sus hijos. En el último escalón Alejandro se detuvo estupefacto. Olga caminaba como autómata, con la mirada perdida y sangraba de la cara, la habían arañado.

- ¡Olga por Dios! ... ¿Qué sucedió? - Alejandro no lo podía creer.

- ¡Raquel! ... ¡Llama a una ambulancia! ... ¡Rápido!

- No, por favor… Estoy bien - la voz de Olga la oyó serena, convincentemente serena, la cual continuó avanzando rumbo a la salida.

Raquel, lván y Claudia, la observaron pasar sin que volteara a verlos siquiera. Después del grito que dio parecía muy calmada, extrañamente calmada. Alejandro regresó con su familia, que permanecían en el círculo de cuarzo y les comentó apresuradamente.

- ¡No se muevan! ¡No salgan del círculo! ¡Iré a ver qué le pasó y desde luego la llevaré a un doctor!

En ese instante se escuchó el encendido y arrancón del carro de Olga. Alejandro salió corriendo cuando ella se alejaba a toda velocidad. Sería imposible seguirla y alcanzarla, tendría que sacar la camioneta. Regresó al interior; todos estaban consternados; trató de sonreírles.

- ¡Bueno! ... Quizás no es para tanto… Tal vez se impresionó con el ruido de los vidrios que todos conocemos, y al correr se lastimó la cara con un alambre.

- ¡Alejandro! ¡Eso no es posible! ... ¡Algo horrible le sucedió! ... Su aparente serenidad era muy relativa… ¡Más bien parecía que había perdido la razón!

- Guardemos la calma, Raquel… Ella es una profesional de lo desconocido y estará acostumbrada.  En cuanto sea prudente le llamaré por teléfono, quizá en la mañana.

- ¡Papá!  ¡Vámonos de aquí, por favor! - dijo Claudia aterrorizada.

- ¡Sí, papá! ... ¡Vámonos yaaa! - Iván estaba llorando.

- Claro que nos iremos… Pero será al amanecer, quizá a un hotel. Mañana podremos hacerlo porque es sábado – Alejandro, abrazando a todos, continuó:

- Ahora vayámonos a dormir. Le hizo un imperceptible guiño a Raquel para que lo apoyara.

Olga seguía acelerando por las casi solitarias calles, cada vez se acercaba más a la periferia. Atravesó el libramiento, ahora estaba afuera de la ciudad, enormes árboles de eucalipto bordeaban la carretera iluminada amarillezcamente por una luna semillena. Unas manos en forma de garras por las largas uñas, maniobraban el volante curveando con destreza; la horrible cara de la mujer reflejaba sus ojos rojos como brazas en el espejo retrovisor; solamente la ropa era de Olga. Por un lado, en el asiento del copiloto, el niño satánico volteó hacia su horrorosa madre y con voz áspera le dijo…

- ¿Hasta dónde iremos, madre?

- ¡Ya llegamos mi pequeño! ... ¡La perra lo pagará en este momento!

Entonces pisó el acelerador, dirigiendo el automóvil a uno de los árboles estrellándolo con enorme fuerza. El cuerpo de la bella vidente y experta en lo paranormal quedó prensado entre los hierros retorcidos. Curiosamente el rostro no mostraba ningún golpe, salvo los arañones anteriores, y un rictus de angustia infinita. Así la encontraron los paramédicos y patrulleros que, a pesar de estar acostumbrados a su oficio, se impresionaron profundamente; Estos últimos hacían señales a los automovilistas casuales de la madrugada para que siguieran su camino.

Iván y Claudia ya estaban dormidos al centro de la cama, Raquel y Alejandro en los extremos; aunque lo quisieran, no podían dormir. A la tenue luz de la lamparita de mesa Alejandro vio el reloj, las 3.00 a.m. Ya habían comentado hasta el cansancio los impresionantes acontecimientos. Por supuesto, a los dos les preocupaba Olga; en la mañana buscarían su domicilio en el directorio telefónico o le preguntarían a alguien e irían a su casa, una vez instalados en algún hotel, pues a primera hora abandonarían la espantosa casona colonial. Entonces Raquel le susurró…

- ¿Estás escuchando?

- Sí que estoy escuchando, Raquel.

- ¡No lo puedo creer, Alejandro!... ¡Parece que hay una fiesta abajo!

Efectivamente, en el piano tocaban una melodía clásica, copas de fino cristal que chocaban en un brindis, platos y cubiertos sonaban, y una cascada de murmullos, voces y risas se oían con toda claridad. Alejandro se levantó lentamente y desde luego, permanecían vestidos con la ropa ordinaria, Raquel hizo lo mismo; lo hicieron con el menor ruido posible para no despertar a los muchachos. Alejandro tomó el revólver, con un ademán le señaló a su mujer que no se moviera; Raquel en voz muy baja pero resuelta, le contestó que lo acompañaría. No teniendo alternativa, Alejandro llegó hasta la puerta seguido por Raquel. En silencio la abrieron y se dieron cuenta de que había luz en una sola fase; avanzaron por el pasillo. Conforme se acercaban a las escaleras, los sonidos de la fiesta eran más claros. Por fin llegaron a un punto del pasamano de hierro forjado en que pudieron ver de lleno toda la planta baja. Ambos abrieron los ojos desorbitadamente: Raquel se llevó las manos a la boca para contener un grito de terror.

La visión que se presentó ante sus ojos era en verdad terrorífica, desquiciante, una pesadilla despiertos. Ciertamente, se efectuaba una fiesta, pero de fantasmas. Innumerables personajes vestidos como en el siglo XVIII o XIX flotaban a la mitad entre el piso y el techo; también flotaban las mesas sillas y otros objetos, incluso el piano con su banquillo movidas las teclas por dedos invisibles. Todos, hombres y mujeres, charlaban y reían animadamente en un español anticuado. Raquel, al no poder soportar aquello empezó a perder el sentido; Alejandro la sostuvo con firmeza y semiinconsciente la condujo lentamente hacia la habitación, la recostó en la cama con la cabeza sobre almohadas; luego sacó del botiquín alcohol y se lo aplicó en la cara con un trapito.
Ésta reaccionó, al abrir los ojos quiso gritar pero él le tapó la boca con suavidad. La fiesta de fantasmas abajo proseguía.

Después de asimilar lo inverosímil, Raquel pudo hablar en voz baja.

- ¡No puede ser, Alejandro, es increíble! ¡Debe ser una pesadilla, por Dios!

- No, Raquel… Es una realidad; los fantasmas existen, están quizá en otra dimensión, como lo dijo Olga.

- ¡Pero Olga dijo que eran seres perversos!

- Raquel. Yo no entiendo mucho de estas cosas, supongo que unos son perversos y otros no, o quizá todos son malos, no lo sé. Lo que sí sé es que debemos de protegernos y ojalá no despierten los muchachos.

- ¡Pero protegernos! … ¿Cómo?

- Con las piedras de cuarzo y las velas benditas, además del crucifico que tenemos, el cual está bendito.

Alejandro cogió las piedras y las velas que tuvo la precaución de subir cuando Olga salió, además del crucifico familiar. Con cautela abrió la puerta viendo que las luces seguían en una fase. Un frío intenso, anormal, sacudió su cuerpo. Los fantasmagóricos ruidos y voces se escuchaban claramente. Tratando de hacer el menor ruido posible encendió las cuatro velas y las acomodó en el piso, luego las rodeó en semicírculo con las piedras de cuarzo, tal como lo había hecho Olga.
Después recargó el crucifico en el quicio de la puerta y la cerró despacio. Todo esto lo hizo en la más completa tensión, pues sabía que a unos cuantos pasos flotaban aquellos seres de ultratumba. Regresó con Raquel, que estaba temblando.

- Tranquila mujer, nada pasará.

- ¡Alejandro! ... ¡Acompáñame a rezar quedito!

Ambos comenzaron a rezar lo que sabían. Raquel recordó las letanías, que son un fuerte exorcismo que utiliza el catolicismo. Esta oración se acostumbra en los velorios para alejar al Demonio, según se acordaba. De pronto los ruidos fantasmales cesaron por completo. En el silencio, se escuchaban ladrar los perros de las cercanías, parecían alarmados. Varias veces lván y Claudia estuvieron a punto de despertar por sueños inquietos, pero afortunadamente no lo hicieron. Entonces se estremecieron, cuando el cuerpo que se arrastra se escuchó claramente que se acercaba con aquel llanto lastimero. Raquel oprimió con fuerza el brazo de su marido.

- ¡Alejandro, por el amor de Dios! ... ¡Ahí viene eso que se arrastra y llora! ... ¡Jesús María y José!... ¡Qué será eso tan horrible? - Raquel enfatizó más la letanía.

- ¡No pasará nada Raquel, Cristo Jesús está con nosotros te lo aseguro! - Alejandro trataba de infundirle valor y dárselo así mismo.

Aquel terrible roce de un cuerpo que se arrastra llorando se iba acercando poco a poco. Llegó muy cerca de la puerta. Raquel estuvo a punto de gritar histérica. Lo hubiese hecho, pero en eso, aquello pareció retirarse presuroso seguramente rechazado por las protecciones de la puerta. El llanto se siguió oyendo en alguno de los cuartos vacíos del fondo. Un rato después se escuchó el cercano canto de un gallo, y como si aquello hubiera sido una señal, todos los ruidos se acallaron. Entonces Alejandro vio su reloj, marcaba las cinco de la mañana. Recordó que alguna vez había leído que el canto de los gallos anuncia la proximidad de la aurora y ahuyenta a todos los seres de la noche.

- ¡Mujer! ... ¡Creo que estamos a salvo! ... ¡Ya no se escucha nada, el canto de los gallos aleja a los seres de la oscuridad!

- Pero Alejandro… Aquí los fantasmas o lo sobrenatural se ven hasta en el día.

- No sabría responderte eso Raquel… Lo que sí, es que la aurora se acerca y el canto de los gallos suena a música celestial. Abrazó a su esposa y le dijo:

- Vamos Raquel, trata de dormir un poco, parece que la pesadilla ya terminó. Muy temprano nos iremos.

Raquel, un poco más calmada, cerró los ojos. Por supuesto que no podía dormir, lo que vivieron fue demasiado fuerte. Pensaba en Olga ¿Qué sería de ella?  Le agradecía a Dios que sus hijos no hubiesen despertado, seguramente las mismas tensiones les produjeron un pesado sueño.

UN POCO DESPUÉS se levantaron, empaquetaron lo indispensable y salieron de ahí para instalarse en un cercano hotel. En cuanto el agente les consiguiera otra casa mandarían a la mudanza por sus cosas. Alejandro compró un periódico local. Cuando observó la nota roja le dio un sobresalto, pues con grandes letras decía el encabezado…

<<“MURIÓ PRENSADA EN SU CARRO AL CHOCAR CONTRA UN ÁRBOL, CONOCIDA VIDENTE Y PSÍQUICA. Se le conocía como “OLGA”.  Al parecer el exceso de velocidad fue la causa, aunque el extraño rictus de terror que mostraba hace suponer que era consciente de que se acercaba al árbol en el que se estrelló, sin poder hacer nada. Quizá un fallo mecánica propició que el acelerador se le pegara, etc.”>>

Afortunadamente, su agente les consiguió otra casa más adecuada rápidamente. Alejandro y Raquel personalmente supervisaban que los de la mudanza subieran sus cosas sin daño alguno. Solamente quedaba el piano, cuando de pronto los dos obreros que permanecían dentro de la casona salieron corriendo:

- ¡Patrón!  ¡Patrón! ... ¡No amuele el piano, comenzó a tocar sólo! – el buen hombre estaba asustado.

- ¡De veras, jefe! ... ¡Las teclas se movieron solas! - apoyó el segundo a su compañero.

- ¡Acompáñenos patrón, de verdad que allí asustan, y en pleno día!

- ¡Si no nos acompaña. De plano no nos metemos por el piano! ... ¿Verdad compañero? - Miró a su colega el cual aseveró con la cabeza.

- Claro que sí, los acompaño muchachos. Aunque les diré, el piano suele tocarse solo por una falla en el mecanismo, no se asusten. Pero por supuesto, vamos a entrar juntos.

Terminaban de subir el piano, cuando todos escucharon el gran estrépito del espejo o vidrio que se rompe en mil pedazos; ahora ampliado en sus ecos por lo vacío de la mansión. Los trabajadores se movieron con sobresalto y hasta Raquel, que ya conocía muy bien aquello.

- ¡Ya ve patrón! ... ¡No que no asustaban! - dijo uno de ellos santiguándose.

- ¡Yo ya había escuchado historias de esta casa. Dicen que aquí espantan hasta en el día, como horita!- comentó el otro trabajador santiguándose también.

Raquel instintivamente tomó a su marido de la mano. Alejandro, tratando de mostrarse sereno, les comentó con fingida naturalidad:

- No hagan caso, muchachos. Hay fenómenos que parecen sobrenaturales, pero que en realidad no lo son. Por ejemplo los ecos retardados, a veces se manifiestan incluso años después, etc.
Mientras, Raquel echó un último vistazo desde la banqueta a la siniestra casona colonial antes de que Alejandro cerrara la puerta, y al hacerlo, los goznes crujieron lúgubremente. Recordó lo que le comentó una empleada del hotel donde se hospedaban por el momento.

“…Esa casa, señora… Nadie la ocupa… Dicen que los que la rentan terminan locos o mueren de manera extraña… Comenta la gente que por las noches se escuchan voces, alaridos, gritos, llantos, carcajadas, gemidos, música, y entonces los perros ladran…”



FIN



*NOTA: Se trata de una historia basada en hechos reales. Esto le sucedió a una familia en la década de los 70 en Morelia, Michoacán (México).



José Silva Vázquez



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Paranormal – Cap. 6

SEXTO DIA: (jueves)

El sacerdote llegó a la casona tal y como se comprometió un día antes. Estaría puntual a las ocho de la noche la hora de las ánimas. Alejandro lo recibió cordialmente, conoció un día antes al padre Santiago, párroco de un cercano templo;  pasaron a la sala donde permanecían Raquel, Claudia e Iván. Los presentó, luego le preguntaron cortésmente si deseaba un café o un té antes de comenzar. El sacerdote les contestó que aceptaba el café para que, mientras tanto le platicaran con más detalles los fenómenos de la casa. Así lo hicieron; él los escuchó impávido, para seguidamente ponerse de pie y decirles:

- ¡Vamos de una buena vez!

El clérigo besó respetuosamente la estola y se la colocó alrededor del cuello, tomó su biblia y el recipiente especial conteniendo el agua bendita, a lo que Alejandro inmediatamente se ofreció a ayudarle llevándola. Les dieron instrucciones a Iván y Claudia para que permanecieran en la sala y por ningún motivo se movieran de ese lugar. Entonces, lentamente procedieron a subir las escaleras para acceder a la segunda planta, caminando el padre Santiago por delante. Se dirigieron directamente a la recámara anexa a la matrimonial, donde asustaron por primera vez a los muchachos. Raquel se adelantó para abrir la puerta y encender las luces; como ya era común en ese lugar, se daban cambios bruscos de temperatura, ahora estaba muy fría, el padre lo notó claramente. Caminó hasta el centro del enorme cuarto y desde allí empezó a rociarlo con agua bendita al tiempo que musitaba oraciones leídas de la biblia. Alejandro y Raquel observaban a cierta distancia en silencio; unos minutos después la temperatura descendió más aún, para enseguida las luces de las dos lámparas colgantes quedar en una fase. Los muchachos abajo gritaron y Raquel tuvo que bajar a tranquilizarlos, el sacerdote enfatizó sus oraciones y prosiguió impregnando con agua bendita todos los rincones de la habitación. De pronto las luces regresaron a su máxima intensidad y enseguida nuevamente a medio alumbrar, así repetidamente, además de que una presencia se sentía notablemente que estaba muy cerca... luego se escuchó la furiosa y áspera voz de un adolescente que decía:

- ¡Lárguense! ¡Fuera de aquííííí, estúpidos!

El religioso quedó estupefacto ante aquel fenómeno, no lo podía creer.

- Padre Santiago, la voz de ese niño o adolescente la escuchamos con frecuencia - Alejandro lo mencionó, como para  amortizar el impacto en el sacerdote.

Éste, volteando rápido hacia donde creyó que provenía la voz roció abundantemente con agua bendita. Para enseguida escucharse…

- ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja...  Estoy muy lejos de tu agua putrefacta, ¡nunca lograrás tocarme! ¡Y ahora les vuelvo a decir... salgan de aquí y déjense de idioteces... ¡fueraaaa!

Las luces seguían subiendo y bajando de intensidad demostrando la energía del ser.    

- ¡En nombre de Cristo Jesús, te ordeno que el que salga seas tú... ¡Deja en paz a esta familia de Dios! El sacerdote continuaba lanzando agua bendita en todas direcciones.

- ¡Pobre imbécil!  ¡Nunca lograrás alcanzarme con tu agua! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!

- ¡No estés tan seguro...Tú solamente eres un ser infeliz de las sombras que no tienes poder contra Cristo Jesús! Al decir esto, el padre redobló esfuerzos en su intento por alcanzar al ente con el agua bendita. Todo fue silencio, tal como si pareciera que el ser se había ido.

- Vamos a salir, parece que lo ahuyenté con el agua bendita.

Enseguida la luz regresó normal. Entonces continuaron rociando y bendiciendo el resto de la casa, en donde no se produjo ningún otro acontecimiento extraordinario.
Después se reunieron en el comedor, el padre Santiago estaba cansado. Le ofrecieron otro café con un cigarrillo que aceptó gustoso, pues lo necesitaba.

- Espero que ya no regrese, que con esto haya sido suficiente. Aunque nada es seguro con los seres de ultratumba - el padre Santiago dio un sorbo a su café y fumó a su cigarro con expresión aún de asombro.

- Pero padre Santiago, ¿por qué no se manifestaron los demás seres que con toda seguridad deambulan por la casa? - Raquel preguntó al sacerdote muy intrigada.

- No sabría responderte con exactitud Raquel, el mundo de los fantasmas y de los demonios es casi completamente desconocido, lo inesperado sucede, no tiene lógica por supuesto - Enseguida se puso de pie para retirarse.

- No sabe cómo le agradecemos su ayuda padre Santiago - Alejandro le tendió la mano sinceramente.

- No cantemos victoria aún, Alejandro. Por favor avísenme de cualquier cosa - el sacerdote les dio la mano a cada uno; parecía querer salir de ese lugar cuanto antes. Alejandro y Raquel lo acompañaron hasta la puerta. Regresaron con sus hijos que permanecían juntos con cara de asustados.

- ¿Ya no se aparecerán los fantasmas papá? - preguntó el pequeño Iván.

- Seguramente que ya no, hijo. El agua bendita que arrojó el padre los ahuyentará - Alejandro abrazó al pequeño para infundirle confianza.

Después de una cena frugal se retiraron a la habitación de todos. Los relojes marcaban las diez de la noche; los muchachos de inmediato se quedaron dormidos. Al poco rato, Alejandro también lo hizo. Raquel como frecuentemente le sucedía, no podía conciliar el sueño fácilmente; así es que cogió una revista que estaba al lado. Un poco después escuchó, apagadas por la distancia, once campanadas en el reloj de péndulo de la sala. Entonces empezó a distinguir muy débilmente al principio, el llanto de la mujer que ya había escuchado con anterioridad. Parecía en la planta baja; dejó de leer la revista que sostenía y puso atención. No había duda, el llanto lastimero se acercaba lentamente, parece que subía las escaleras, cada vez estaba más y más cerca. Conforme se aproximaba, oía más claramente cómo aquello se arrastraba produciendo un intenso roce con el suelo. Raquel estaba tensa, iba a mover a Alejandro para que despertara cuando escuchó con un escalofrío que ahora eran dos llantos, también el de un niño o adolescente. Inmediatamente pensó en el niño fantasma o diabólico; no esperó más y movió a Alejandro. Éste despertó de inmediato, Raquel le tapó la boca para que no hablara y le pidió silencio con una seña. Alejandro entendió y entonces los dos escucharon estupefactos cómo aquellos gemidos escalofriantes estaban afuera, en el pasillo.

Temiendo que despertaran los muchachos, se pusieron de pie rápidamente; Alejandro tomó el revólver, Raquel un crucifico y caminaron hacia la puerta. Cuando estaban muy cerca de ésta, los llantos cesaron. Alejandro la abrió sin titubeos, no había nadie, sólo un aire helado los cubrió totalmente. Cerraron la puerta tras ellos y continuaron caminando en la semioscuridad; los llantos los escucharon entonces en las escaleras, parecía que se alejaban rápidamente. Alejandro prendió las luces cuando los gemidos se oían en los cuartos vacíos del fondo. Entonces ya no se oyó nada, lo único que quedó fue el furioso ladrar de los perros de las casas cercanas que, con su fino oído, parecían escuchar también aquello, otros aullaban lastimeramente. Encendieron las luces de la planta baja y revisaron juntos minuciosamente, todo estaba en silencio. Regresaron con sus hijos que seguían durmiendo profundamente; se volvieron a acostar, entonces también rezaron en voz baja para que aquellos seres se alejaran. El resto de la noche se escucharon vagamente voces y diferentes ruidos, a los que procuraron no hacer caso, sabían que eran parte de los increíbles sucesos paranormales de esa casona.

Continuará…


*NOTA: Se trata de una historia basada en hechos reales. Esto le sucedió a una familia en la década de los 70 en Morelia, Michoacán (México).


José Silva Vázquez

 



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Leyenda Caballeresca: La Dama de los ojos sin brillo

Esta leyenda urbana que exponemos a continuación, quizás la conocen por otras versiones más modernas. Llama la atención esta versión por ser caballeresca y tal vez sea la más antigua.

Esta leyenda está expuesta en una página dedicada a las Leyendas de Toledo:

La infanta Catalina de Austria, duquesa de Saboya recibió en Toledo una majestuosa fiesta en una noche que se hizo memorable en los anales de nuestra ciudad por el indudable porte de los asistentes a tan sonado festín…

A media noche, cuando aún resonaban las campanadas en el reloj del monasterio de Santo Domingo el Real, cercano a donde se realizaba el acto, uno de los nobles caballeros invitados al ágape, a la sazón consejero general de Finanzas y auditor de su Majestad don Sancho de Córdoba, presenció como una bella dama pasaba sigilosamente entre los grupos allí congregados.

Atraído por la belleza de la dama, y la fascinación que inspiraba, a ella se aproximó e invitó para acompañarle en el baile que en ese momento comenzaba. No recibía respuesta a sus palabras de elogio de tan bella mujer, a la que ahora guiaba. La sensación que emanaba era de una lividez extrema de su rostro que, incluso facilitaba la sensación de no pisar la maravillosa alfombra que adornaba el área destinado a la danza en tan bello palacio toledano.

Tras finalizar el baile, salieron al patio exterior, maravillosamente adornado con innumerables plantas, al estilo de cómo se hace en Toledo durante el Corpus, que no quedaba muy lejano, y de las que emanaban un frescor acompañado por el murmullo de una fuente central magníficamente realizada. Hacía cierto frescor nocturno y la dama no tapaba su generoso escote con alguna prenda de abrigo, por lo que él, puso su roja capa con noble broche de oro sobre los hombros de la dama, que caminaba sin decir palabra. Tan sólo, tras acoger la capa en sus blancos hombros profirió una queja, un lamento: “Qué frío”.

Llevó el caballero a la Dama dando un breve paseo hacia su residencia, y al llegar cerca del Miradero, la dama rompió su silencio de nuevo:

- Caballero, no de un paso más en mi compañía, pues de seguir a mi lado me haría una grave ofensa. Envíe al día siguiente a un criado a por su capa a la calle Aljibes, en la casa de la Condesa de Orsino.

El caballero accedió cortésmente con la esperanza de ser él mismo el que recogiera la capa.

La dama se perdió entre las sombras de la noche toledana, mientras él la veía alejarse lentamente, observando fascinado el suave caminar de ésta.

Durante la noche, no dejó el caballero de pensar en la intrigante y fría belleza de la dama. Pero lo que más le intrigaba era su mirada: sus ojos no tenían brillo.

Al día siguiente, dirigióse él personalmente en busca de la capa. El palacio estaba en una estrecha calleja en cuyo fondo se observaba una cruz. Llamó al enorme portón de madera y al poco se escucharon unos pasos y el descorrer de un pesado cerrojo tras el que se abrió un pequeño cuarterón de la puerta tras el que un anciano le preguntó qué era lo que deseaba. Preguntó por la dama, a lo que el anciano respondió que allí nadie vivía que respondiese a esa descripción, aunque permitió el paso del caballero, que fue recibido posteriormente por una noble señora enlutada, a la que refirió toda la historia acontecida la pasada noche. La dama le respondió que probablemente habría sido objeto de una pesada broma, puesto la dama a la que él hacía referencia, por la notable descripción realizada, era su hija y ya iba para dos meses que era muerta y enterrada.

El caballero sintió pesar por lo que creía una terrible equivocación, y cuál no fue su sorpresa que, buscando el salir de la casa, levantó los ojos y contempló un cuadro de gran tamaño que representaba a una dama exactamente igual a la de la noche anterior: el mismo rostro, el mismo vestido, el mismo anillo en su mano izquierda…

- Señora ¿quién es esta hermosa dama?
- La misma hija que por desgracia os dije que perdí.
- Pero… ¡si es la misma a la que yo anoche acompañé!
- Caballero, de nuevo ofendéis mi casa… Soñáis, acaso, o sois presa de alucinación, pues ya os dije que hace tiempo que falleció.

Como hechizado salió de esta casa y regresó a su palacio. Pasó dos días con terrible pesar, seguro de lo que había vivido aquella noche.

A la mañana siguiente, un hombre se presentó con la roja capa, que puso sobre los hombros de la dama aquella noche… Había reconocido al dueño de la capa por las armas del broche que portaba…

- ¿Dónde la hallaste? Preguntó con ansiedad el caballero.
- En el Campo Santo, junto a la tumba de la condesita de Orsino.

 
Paranormal – Cap. 5

QUINTO DIA (miércoles)

Aidé llegó muy temprano, justo cuando Alejandro se disponía a salir rumbo al banco; Raquel los presentó y enseguida se marchó presuroso. Raquel y los muchachos también estaban a punto de abandonar la casona, era su primer día de clases en un colegio alejado de ahí; ella tendría que llevarlos y traerlos, mientras contrataban el servicio del autobús. Se despidieron con entusiasmo y entonces, la joven sirvienta se quedó sola en la colonial mansión. Nuevamente decidió empezar a barrer por la planta baja. Por ser tiempo de lluvias vio muy normal que amenazara tormenta. Grandes nubarrones ensombrecían la mañana, una fina llovizna comenzaba a caer, quizá había un ciclón en la costa; por tal motivo decidió encender algunas lámparas colgantes para enseguida empezar con ahínco su trabajo.

Pasaron algunos minutos, ahora estaba completamente concentrada en sus tareas. De pronto dejó de barrer, aguzó el oído... Si, no había duda, en la planta alta se escuchaban voces, por lo menos dos personas, una mujer y un hombre conversaban. Estaba desconcertada y hasta un poco molesta, como es posible que la señora nuevamente omitió decirle que se quedaban otras gentes en la casa; a ella no le importaba pero, pues, por lo menos por cortesía se lo hubiera dicho. Decidió no darle mayor relevancia, saludaría a quienes fueran o contestaría a su saludo amablemente y se apresuraría a terminar para retirarse, quizá antes de que regresara la señora Raquel; realmente se sentía incomoda.

Seguía escuchando las voces con toda claridad, ahora se reían; parecían españoles por algunas palabras propias de aquellos. Los gruesos nubarrones tornaron la casona más sombría; la lluvia arreció y algunos rayos cayeron en las cercanías. Entonces los que conversaban, al parecer comenzaban a bajar las escaleras. Aidé les dio la espalda a propósito para que no pensaran que los estaba escuchando, cuando le saludaran voltearía. Por los pasos y las voces ubicaba su posición, ahora estaban exactamente detrás de ella; pasaron de largo sin saludar, estarían llegando al cancel según calculó. Que gente rara pensó, entonces volteo y quedó sorprendida; estaban alcanzando la puerta de la calle que permanecía entreabierta… no lo podía creer! Eran una pareja y nuevamente iban disfrazados, quizá a otro evento. La mujer, que seguramente era la misma de ayer, llevaba un elegante y largo vestido azul, además un sombrero con bonitas plumas de aves del mismo color; el caballero, un fino traje gris, sombrero de copa guantes blancos y bastón, como hace doscientos años tal vez. Aunque lo que más le intrigó… no oyó que hubiesen abierto el cancel que permanecía cerrado.

Terminó su labor abajo y decidió apresurarse con las recámaras de la segunda planta. Entró en la matrimonial para barrer y hacer la cama. La señora le había dicho que ahí dormían los cuatro, aunque le pareció extraño no quiso preguntarle por qué. Entonces se sorprendió, pues desde que caminó los primeros pasos dentro de la enorme habitación la sintió muy fría, encendió la lámpara de araña que pendía del techo, ya que la semioscuridad se acentuó al cerrarse la lluvia fuertemente. Se escuchaban ya los chorros de agua de los tubos de desagüe de las azoteas, que con fuerza caían en el patio central… De pronto, la luz de la lámpara quedó en una fase, cosa muy normal por la tormenta, se dijo Aidé;  por supuesto, la iluminación se transformó amarillescamente tenue al grado que no pudo seguir barriendo, decidió salir hasta que la corriente eléctrica se normalizara.

Dio la media vuelta y empezó a caminar hacía la salida, le faltaban cuatro pasos, cuando de pronto… Una voz de adolescente escuchó a su espalda…

- ¡Aidé!

Sintiendo un sobresalto por lo inesperado se detuvo y... comenzó a voltear lentamente... Allí, por un lado de la cama, estaba parado un jovencito como de trece años de edad que vestía anticuadamente, y que la miraba fijamente con una rara sonrisa. Sintió la piel chinita inexplicablemente, pero sin embargo, controlándose le preguntó:

-¡Hola! ¿Eres familiar de la señora Raquel? ... Fue a dejar a sus hijos al colegio… No me comentó que hubiese más personas en la casa. ¿Tú también vas al evento de disfraces? ¿Son tus papás las personas que salieron también disfrazadas? - el adolescente sin contestarle seguía inmóvil en la semioscuridad, observándola fijamente.

- ¿Acaso es tu tía la señora Raquel?  ¿Por qué no me contestas? - Aidé empezó a sentir nervios.

¿De dónde había salido  aquel niño con ropa del siglo diecinueve? … Mejor dio la media vuelta y prosiguió su camino al sentir que aquello no era normal. En realidad, quería correr pero se contuvo; ese muchacho al parecer mudo, estaba muy raro; llegó a la puerta y siguió por el pasillo empezando a bajar la escalera; abajo se sentiría más tranquila, abriría la puerta de la calle completamente y esperaría a la señora para decirle que había gente rara en la casa, y que eso la hacía sentirse incómoda; tal vez le daría las gracias para ya no regresar, pues lo más desconcertante es que ella se lo ocultase, todo era muy extraño.

Comenzó a bajar las escaleras; el estruendo de un rayo hizo que vibraran los vidrios de las ventanas al tiempo que la luz se fue completamente. La casona quedó entonces dentro de una impresionante penumbra. Fue cuando Aidé se detuvo al sentir vivamente que la seguían...  Volteó lentamente y…

- ¡Haaaaaaaaa!

El grito que dio fue desgarrador pues… El niño venía flotando pegado a la pared, levitando a un metro de altura quizá, con una mueca burlona y los ojos rojos, diabólicos. La aterrada muchacha, sacando fuerza de su mismo pánico, se echó a correr escaleras abajo, al tiempo que escuchaba claramente la voz del extraño ser que entre risas y áspera voz le gritaba:

- ¡No te vayas Aidé! … ¡Regresa… Ja ja ja ja ja!

Raquel estacionó la camioneta en la calle y se dispuso a entrar a su casa rápidamente por la lluvia. Traía una gran bolsa con comestibles. Empujó con el hombro la pesada puerta entreabierta, y entonces escuchó estupefacta ya sobre ella, los gritos de la empleada que salía corriendo y que prácticamente la arrolló, cayendo al piso con la bolsa desparramándose frutas legumbres y algunos ates. La muchacha trastabilló, pero no perdió el equilibrio totalmente y siguió corriendo por la calle bajo la tormenta. Era tan grande su terror que tal vez ni siquiera la reconoció.

Raquel recogió lo caído y lentamente avanzó casa adentro muy intrigada. ¿Qué espantó a la muchacha al grado de salir corriendo aterrorizada? Por supuesto, esto también a ella la angustió pues ya no dudaba que en la casa pasaban cosas sobrenaturales. Sintiendo una opresión en el pecho llegó al pie de las escaleras… Las observó fijamente así como la segunda planta, sin luz eléctrica, todo estaba sombrío y en silencio, salvo por la tormenta que no cesaba. Sin pensarlo más, dejó la bolsa y empezó a subir poco a poco, paso a paso, en total alerta.

Llegó a la segunda planta y siguió avanzando en dirección al dormitorio común, no sabía ni porque se atrevía a entrar sola, evidentemente lo que aterrorizó a la doméstica fue muy fuerte. Las noches de terror que estaban viviendo por los ruidos, las voces, los lamentos, la música del piano, la mujer que lloraba y que aparentemente se arrastraba, las huellas que vio su marido, la voz del niño que le habló; ahora Aidé seguramente vio algo espantoso. Todos eran motivos para llamar a Alejandro o esperarlo, pero no investigar sola, tal vez imprudentemente. Sin embargo, lo que fuese lo enfrentaría antes de que sus hijos lo sufrieran, o tal vez exista una explicación... Más bien se sentía confundida y desesperada, con las emociones encontradas y una gran inquietud, lo cierto es que estaba entrando a la habitación en el cual el frío se acentuaba más de lo normal.

La tormenta no amainaba, la luz regresó solo en una fase tornándose el lugar más sombrío aún. En tensión revisó cada rincón, miró a través de la ventana del fondo, pero el trasfondo gris de la fuerte lluvia no le permitió ver casi nada. El frío calaba en el cuarto por lo que se restregó los brazos; se dispuso a salir, de pronto, inexplicablemente sintió prisa por hacerlo, cuando cruzaba el umbral de la puerta oyó con claridad que le hablaron... ¡Raqueeeel! ... Era la voz de un adolescente pero muy rara, se detuvo con el corazón sobresaltado... Lentamente volteo pero... No había nada. En eso, el estruendo de un rayo que cayó muy cerca la hizo gritar y, continuó caminando más aprisa; al llegar a las escaleras trató de tranquilizarse. Con paso normal comenzó a descenderlas, el artístico cancel que antecedía a la puerta de la calle le parecía lejano. Si hubiese volteado en ese momento quizá habría muerto de terror pues… por el pasillo venía flotando el niño.

Ella sentía vivamente que la seguían, se detuvo cuando le faltaban tres escalones para acabar de bajar y entonces... Comenzó a darse la vuelta lentamente; el fantasma levitando, empezaba también a bajar. Antes de volverse ciento ochenta grados, repentinamente llegó la luz y con esta el niño fantasma desapareció, de tal forma que cuando temblando miró las escaleras y la segunda planta no vio nada, pero el pánico la dominó y se echó a correr. Se detuvo en el cancel y trató de razonar lo que estaba pasando ¿Porqué corría?... ¿Acaso no había subido para investigar que fue lo que asustó tanto a la muchacha? ... Estaba consciente y convencida que en ese lugar sucedían fenómenos paranormales, y qué había decidido enfrentarlos… Entonces ¿Por qué huía?

Se agarró del cancel con fuerza. Hasta entonces asimiló cabalmente que la luz había regresado y la casa estaba iluminada. La lluvia empezaba a ceder quedando solamente una fina llovizna. Fue entonces que escuchó voces y risas en la planta alta de donde acababa de bajar llena de miedo, sabía que no había absolutamente nadie. Las risas se tornaron en carcajadas, como si se estuviesen burlando de ella y luego, con el ya conocido ruido de un espejo que se rompe en mil pedazos, no pudo evitar gritar. Con la vista fija en esa parte de donde provenían los ruidos, con el corazón palpitándole de prisa, de pronto las luces de las lámparas comenzaron a bajar y subir de intensidad intermitentemente. Los fantasmas, las energías, el fenómeno desconocido de lo paranormal se estaba manifestando en toda su intensidad en pleno día. Raquel no pudo más y mejor salió a buscar un teléfono para hablarle a Alejandro.

El teléfono del escritorio de Alejandro, un poco apartado de los demás en aquel edificio colonial y que le daba cierta privacidad como ejecutivo, sonó cuando más ocupado estaba.

- ¿Bueno? - Luego escuchó con atención a su interlocutor.

- Trata de guardar la calma Raquel, en este momento me es imposible ir… Sí, por supuesto… Ahora ya no tengo la menor duda… Pero te juro que estoy completamente saturado - Al decir esto lanzó un rápido vistazo sobre el cliente, que atendía del otro lado de su elegante escritorio, y a otros más que en un cercano mueble colonial esperaban turno – Sí, desde luego, ya te dije que en cuanto pueda llevaré a un experto en ese tipo de fenómenos - el semblante del subgerente delataba una real preocupación, al grado que llamó la atención de la persona sentada frente a él - ¡No! ¡No! ... ¡Claro que no te puedes quedar en la calle con este tiempo! - notó que su cliente estaba intrigado, al cual sonrió a manera de disculpa - Si es así de serio voy enseguida, quizá en veinte minutos, espérame entonces afuera, no tardo.

Enseguida hizo una seña a su secretaria para que se acercara.

- Señorita, dígale al gerente por favor que un asunto urgente en mi casa requiere mi presencia, regresaré lo más pronto posible, mientras siga atendiendo a las personas y consúltele cualquier cosa - Se disculpó con él cuenta habiente y se puso de pie. Pero antes de empezar a caminar abrumado por la preocupación,  oyó la voz de aquella persona como en un susurro…

- Disculpe que me meta en lo que no me importa, por lo que escuché ¿Parece que tiene problemas en su casa de tipo paranormal? - aquel cliente le sonreía amigablemente esperando su respuesta.

- Qué pena me da que haya escuchado, seguramente le parecerá ridículo - Alejandro de pie, se fijó ahora con más detalle en el que le hablaba, sentía cierto escozor por lo incómodo del tema, era un hombre maduro pero joven aún.

- Bueno, en realidad no debe sentirla. Yo sé lo que es eso porque me ha pasado - ahora estaba serio.

- ¿En verdad? - Inmediatamente sintió un vivo interés por lo que le decía, al grado que se regresó los cinco pasos que ya había dado.

- ¿Me podría orientar? ... ¿Ayudar? - Aquellas palabras se le salieron casi sin sentir, producto de una situación desesperada.

- Sé que tiene prisa señor subgerente, no me explique nada, sólo permítame darle esta tarjeta, esta persona lo puede ayudar.

- Gracias, en verdad se lo agradezco. Alejandro le estrechó la mano, ya un poco más tranquilo de que alguien lo comprendiera, y sin mirar la tarjeta, se la metió en la bolsa del saco para enseguida alejarse rápidamente.

Raquel corrió a encontrarlo cuando vio que se acercaba a grandes zancadas. La lluvia había cesado completamente, aunque el cielo permanecía con gruesos nubarrones que se movían lentamente.

- Alejandro! ... ¡Nunca te hubiese molestado en tu trabajo! ¡Pero esto ya es aterrador! - el semblante de Raquel reflejaba angustia y miedo, luego le platicó lo vivido.

- Por supuesto que te creo mujer, esto es extraordinario pero cierto. Lo peor es que no podemos platicarlo sin exponernos a las burlas, pero mira, se me ocurre lo siguiente, pasemos a la casa y te lo explicaré no temas - La tomó por los hombros y entraron, una llovizna fina se soltó nuevamente tornando todo gris en las calles con poco tráfico.

Se sentaron en la colonial sala, las luces estaban encendidas y todo parecía haber vuelto a la normalidad. Aún así, Raquel volteaba en todas direcciones nerviosamente.

- Tranquilízate, te diré qué pienso hacer.

- ¡Por favor, dímelo ya!

- Primero; antes de regresar al banco buscaré a un sacerdote. Iré a algún templo cercano o a la catedral no sé, pero lo traeré para que bendiga la casa y luego - sacó la cajetilla de cigarros, le ofreció uno a Raquel, que lo aceptó rápidamente, se lo encendió y también el suyo. Ella dio una ávida fumada y exhaló el humo inquieta.

- ¡Y luego que Alejandro, por favor continúa!

- ¡Sí! ¡Sí! ...Enseguida - Metió la mano a la bolsa del saco y extrajo la tarjeta mirándola por primera vez. Observó un número de teléfono y un nombre... “OLGA” “INVESTIGACIONES PARANORMALES”,  se la mostró, era lo único que se le ocurría.

- Luego buscaré a esta persona, me la recomendó un cliente del banco; me pareció una persona desinteresada y sincera.

- Yo confío más en el sacerdote, Alejandro - Raquel se iba tranquilizando.

- Es una situación desesperante mujer, debemos intentar todo, tenme confianza - La tomó de las mejillas tiernamente tratando de infundirle valor.

En eso, se escucharon las voces y los pasos de sus hijos, que regresaban. Inmediatamente ocultaron el tema y los recibieron con una sonrisa.

Continuará...

 

*NOTA: Se trata de una historia basada en hechos reales. Esto le sucedió a una familia en la década de los 70 en Morelia, Michoacán (México).

 

José Silva Vázquez



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El Bosque de los Suicidios: mezcla entre la realidad y la leyenda.

Hay una leyenda urbana, que tal vez para mucho es inquietante: se llama "El Bosque de los Suicidios". Una mezcla entre lo paranormal e historia, pero ¿en dónde radica lo real de esta historia?

Como muchos sabrán, Japón es una sociedad muy competitiva, ya en el colegio mantienen una enseñanza estrictamente eficaz y exigente que impulsa a los japoneses a tratar de ser los mejores en todo. Con esto, en la edad adulta y con las responsabilidades que se adquieren con el paso de los años, en muchas ocasiones los japoneses se ven incapacitados a mantener a su familia, su trabajo, sus responsabilidades, en definitiva su vida por no ser competentes con respecto a la sociedad que les rodea.

Así pues, la tasa de suicidios es extremadamente elevada, en los últimos años esta cifra ha sido superior a las 30.000 muertes por esta causa.

Si bien la gran mayoría de los suicidios de Japón se producen en el metro o en el tren, existe en Japón un bosque denominado "El Bosque de los Suicidios", ya que en este bosque llamado Aokigahara y situado en el Monte Fuji de Japón son encontrados al año más de 100 cadáveres por causas de este tipo.

Tal vez en este hecho particular en la vida de Japón, se inspira la siguiente Leyenda Urbana:

Una noche un hombre iba atravesando por un bosque, donde habían ocurrido muchos casos de suicidio. El bosque era tan enorme que apenas se encontraban los restos. El hombre iba en coche, y con un poco de miedo, ya que conocía la fama que tenía ese bosque. "Dios mío, no me extraña que vengan aquí a suicidarse, esto está más perdido que… pero, ¿qué es eso?" Notó que había algo en la carretera y cuando estaba ya cerca vio que era una pareja tendida en el suelo. La chica no se movía pero el chico estaba haciendo señal pidiendo ayuda. El hombre se bajó del coche y le preguntó: "¿Qué os ocurre, ha pasado algo?" "…Vinimos a suicidarnos… Nosotros queríamos casarnos, pero nuestros padres no nos lo permitieron, por eso vinimos aquí, pero estoy arrepentido, por favor llévanos a algún hospital…"

El hombre llevó al coche a la chica que no se movía y le ayudó al chico a subir. Corrió todo lo que podía hasta llegar al hospital más cercano mientras oía la voz del chico…"¿Está lejos el hospital?…Por favor dese prisa…" El coche llegó al hospital. "¡¡Socorro, por favor, hay dos chicos que están muy graves!!" El hombre explicó todo lo que había pasado mientras sacaban a los dos de su coche. Parecía que el chico había perdido el conocimiento.

El hombre tuvo que esperar un buen rato hasta que salió el médico que examinaba a los dos. "Doctor, ¿cómo están? ¿Se van a salvar?" "Siéntese… Vamos a ver, según lo que explicó los encontró en el bosque, ¿verdad?". "Sí". "¿Hace cuánto tiempo?". "Hará.. como una hora o un poco más…". "Y dice que habló con el chico." "Sí, la chica no estaba consciente pero el chico me explicó lo que pasó y todo el camino me estaba diciendo que corriera, que me diera prisa." "Es que… es muy extraño… Los he examinado y los dos están muerto por lo menos desde hace 5 horas…"

 
Déjà Vu

nuezcorazonMe desperté dentro de un sueño, creyendo que ya estaba despierto. Todo fue bien. Todo era tan natural.

Apagué el despertador dos o tres veces, como cada mañana. Corrí a la ducha desnudo, cruzando el pasillo. La luz mortecina que precede al amanecer entraba por el pequeño ventanuco del baño, así que tuve que encender la luz.
El agua helaba mis pies mientras el calentador hacía su trabajo en esa fría mañana de invierno. Agua templada: esperanza. Agua caliente: alivio.
Colgué la alcachofa (¿acaso la alcachofa de la ducha tiene otro nombre?) sobre su soporte y me metí bajo las decenas de chorros de agua caliente que me empapaban de arriba a abajo. Las células muertas y el sueño corrían hacia el desagüe dejándome fresco y limpio con ayuda del champú, gel y esponja. Hoy no tocaba afeitarse. Es lo que tiene ser un poco barbilampiño.

Esa mañana tampoco podía desayunar porque había apurado demasiado el abrazo de Morfeo. ¡Apenas 10 minutos para estar listo!
Toalla, desodorante y cepillo de dientes, uno detrás de otro sin demasiado cuidado. Ropa. Cualquier cosa estaría bien, como todos los días. Zapatos, abrigo, llaves, cartera…

Ya en la puerta con el abrigo puesto y las llaves en la mano un recuerdo sobre algo que me faltaba me sobrevino de repente ¡El móvil! Volví corriendo hasta la mesa donde lo dejé cargando y lo guardé en el bolsillo delantero de los pantalones.

Todo listo.

De nuevo recapitulé: llaves, cartera, móvil, chaqueta. Cerré la puerta con dos vueltas, como siempre. Llamé al ascensor y cuando se abrió sonó el despertador. Lo apagué dos o tres veces, como cada mañana. Corrí a la ducha desnudo, cruzando el pasillo. La luz mortecina que precede al amanecer entraba por el pequeño ventanuco del baño, así que tuve que encender la luz.

El agua helaba mis pies… Y tenía esa desagradable sensación de que esto ya lo había vivido exactamente igual. ¿Cómo la llaman? Ah, sí: déjà vu.

 
El exorcismo de Almansa: el horror hecho realidad

A lo largo de la historia, se suceden hechos aberrantes que son inexplicables por la razón, que sólo los que no la tienen pueden llevar a cabo semejante acto. Se trata de un hecho que conmocionó a España y es considerado el crimen más horrendo perpetrado en dicho país.

La locura de una madre llevó a asesinar a su hija de 11 años en el transcurso de un exorcismo, porque creía que estaba embarazada del demonio.

El siguiente relato narran sucesos muy violentos y puede herir tu sensibilidad….

La niña se llamaba  Rosa, y tenía 11 años cuando fue asesinada por su madre y dos vecinas el 18 de septiembre de 1990. Las asesinas alegaron que era necesario por el bien de la niña, puesto que estaba embarazada del diablo…

Ocurrió en Almansa, pueblo situado en la provincia de Castilla La Mancha. Rosa Gonzálvez, madre de la niña y sanadora de la zona, esquizofrénica y fanática religiosa. Tenía muy buena reputación entre sus clientes. Todo comenzó cuando Rosa la curandera comienza a hacer una serie de exorcismos comenzando por su vecina María Ángeles. Satisfecha con su primer exorcismo, continúa exorcizando a los hijos de ésta, de 5 y 6 años, metiéndoles los dedos en la boca a fin de que vomitasen el mal que llevaban dentro. Más tarde, cuando llega el marido de María Ángeles a la casa y ve la disparatada escena, trata de llevarse a su familia de allí. Su mujer, que se niega a abandonar a la curandera. Aún así consigue llevarse de allí a sus dos niños.

Al día siguiente, continua la sesión de limpieza en una reunión en casa de Rosa. Bajo su tutela se encuentran María Ángeles, su hermana, su marido, su cuñada y Mercedes, otra vecina. Entre todos organizan otro extraño ritual de gritos, rezos, invocaciones religiosas, etc. que tiene como objeto el expulsar a los malos espíritus. Esta tarea les ocuparía hasta la media tarde, hasta que la curandera cansada se detiene.

A media noche, se iniciaba otra sesión espiritista aun más violenta… Esta vez, el marido de la curandera sorprendía a Rosa, Mercedes y Ángeles encerradas en su habitación bailando desnudas en trance, y cubiertas de bilis y excrementos. Entre las cuatro, lo golpean ordenándole limpiar la habitación y despiertan a Rosi, la hija. La desnudan. Luego ponen en el suelo de la habitación como tiritaba Mercedes dice a Rosa que si le quiere quitar el mal, que se de prisa porque cree que la niña no se encuentra bien. La madre histérica piensa que Mercedes también está poseída, y comienzan a darle patadas en la vagina y metiéndole los dedos en la boca para que expulsase al espíritu. Cuando la mujer comienza a sangrar por la boca, paran. Entonces Rosa se dirige hasta su hija y comienza a golpearla gritando que el demonio estaba ahora dentro de ella.

El padre oye los gritos y los lloros de la niña, pero es agredido. Impotente, escucha los gritos de su hija, pero al intuir lo que ocurría, el hombre sale a la calle en busca de ayuda… pero llega tarde. Las mujeres, tras atrancar la puerta con una cama, acuestan a Rosi en otra de las camas restantes y comienzan el exorcismo. Para el susto de la niña, las mujeres comienzan a golpear los muebles hasta destrozar una buena parte. Desnudas, se revuelcan por el suelo cortándose con los cristales rotos, mezclando sangre y orines en su ataque de histeria. Acto seguido, Rosa se acerca furiosamente a su hija gritándole: "¡Estás embarazada del diablo!". Y mientras las otras dos le sujetan las piernas, le introduce las manos en la vagina desgarrando la carne de la pequeña que gritaba Su madre no se detiene, primero una mano, luego la otra explorando el interior de Rosi y mientras le arranca de un tirón los ovarios y la vagina grita con ojos desencajados: "¡Sal cabrón!, Gloria al espíritu santo, oh gloria a Jesús…"

Al poco tiempo terminaba todo el sufrimiento, tras sufrir un shock hipovolémico por la cantidad de sangre perdida que le causaría la muerte. La madre continua arrancando los intestinos por la vagina de la niña y gritando. A las nueve de la mañana del día siguiente, Jesús y su cuñada consiguen entrar en el cuarto, con los cuerpos de las exorcistas crucifijos, velas, sangre y los intestinos de Rosi desparramados por el suelo.

El padre sale horrorizado a llamar a la policía, mientras su cuñada entra atónita en la habitación. Las mujeres al verla se precipitan sobre ella gritando que necesitan sus ojos e intestinos para que la niña vuelva a la vida, dándole una paliza en su ataque que le ocasionaría una contusión retiniana en ambos ojos. Momentos más tarde, se dan cuenta de lo que habían hecho con Rosi e intentan darse a la fuga, pero son detenidas por la Guardia Civil al poco tiempo. Estos reconocen haberse estremecido mientras procedían a la detención de la curandera cuando ésta les aseguraba con una sangre fría "Lo hice y lo volvería a hacer por el bien de mi hija, Satán la había poseído y llevaba un hijo suyo…"

 

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