E la nave va

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¡Claro! Federico Fellini (1983). Es tan simple que es de pizarrín:

– A Grecia se le mete en el euro porque si entraba pasaba a ser fuente de negocio; que su economía no estuviese preparada para entrar era totalmente indiferente: ya se arreglaría más adelante. (De paso se ganaba masa crítica, que siempre viene bien).

– Grecia se compromete a cosas que es imposible que pueda cumplir, más aún, que tiene que camuflar para decir que las cumple, engañando vil, astuta y arteramente a los angelicales y beatíficos estadísticos de Eurostat y a los confiados políticos europeos durante más de una década. (Tal vez el engaño fue posible porque un banco USA puso parte de su sapiencia en asesorar al engañador).

– El vaso griego se derrama porque es incapaz de acumular más problemas e incumplimientos; todo el mundo se lleva las manos a la cabeza y se da golpes de pecho, pero como tiene que pagar se le da un dinero que saldrá por la puerta de atrás a fin de tapar los agujeros de las entidades financieras que tienen los bonos que Grecia no puede pagar, de las deudas privadas, no se habla. Ese dinero: el que debe Grecia. se sabe que Grecia no podrá devolverlo jamás.

– Como hay que vestir el santo del rescate, a Grecia se le hace pasar por unas horcas caudinas por las que no hay quien pase. Grecia firma lo que le ponen delante y todo el mundo se pone muy contento (hace ver que se pone muy contento) porque ‘la situación se halla felizmente encarrilada). Para completar el cuadro idílico, de Portugal deja de hablarse, de Irlanda ya no se habla, y de España se habla para decir que no es Grecia.

– Tras unos meses de ficción ficticia, se pone de manifiesto que Grecia, ni puede pagar lo que ya debía, ni puede pagar lo que nuevo que debe porque no crece lo suficiente, además de que el empobrecimiento de su población es galopante: porque no crece y por los recortes y subidas de impuestos a la que se le ha sometido.

– Se llega a la conclusión de que las entidades financieras tenedoras de deuda griega precisan más pasta, por lo que se considera rescatar a Grecia por segunda vez: un rescate al cuadrado: un rescate del rescatado. Algunas economías que ven el percal en toda su dimensión dicen que más vale algo que nada y que es mejor que las cosas queden claras a fin de que sus entidades financieras tengan las cuentas en orden, y piden que las entidades financieras apechuguen con el 25% del nuevo rescate, que ya se verá como queda después, y, como de todos modos Grecia no lo va a poder pagar …

– La movida anterior, sin embargo, ha de hacerse con luz fría y con taquígrafos con una mano atada a la espalda: mientras a las entidades financieras se les está convenciendo de que deben aceptar más plazo de cobro y menos intereses, esas mismas entidades financieras deben estar gritando a voz en cuello que van a aceptarlo voluntariamente, que nadie les presiona, y que no les están comprando su sí; mientras, fuera de la habitación las agencias de calificación de riesgos van apuntando en el agua de los estanques allí existentes: ‘Aceptación voluntaria’.

– Los bancos alemanes, franceses, etc., serán nuevamente rescatados; ¡huy, perdón!, borren eso: Grecia será rescatada de nuevo; los bancos harán los asientos contables pertinentes para hacer que les cuadren los números; los políticos pronunciarán discursos y se harán fotos; y se ganarán tres meses.

– Y se habrá escrito un manualito que se podrá aplicar a las economías de las que ahora no se habla, o de las que se habla con la boca chica, cuando sea conveniente.

Lo que nadie, de momento, ha preguntado es por la calidad de la pasta que se le va a dar a Grecia: ¿será dinero limpio, será dinero marcado o serán billetes del Monopoly?.

(El Viceprimer Ministro de The UK ha sugerido que se podría entregar al pueblo acciones de los bancos nacionalizados a fin de que el pueblo sienta que es parte del sistema financiero. ¿Estamos ante la cajización de la banca?, ¿será esa la salida temporal al problema bancario?, lo de la ‘nacionalización de la banca’, ¿irá por ahí?. Si lo piensan es lo de que ‘que todo cambie para que todo siga igual’, sólo que con más dueños: ‘Soy propietario!’, gritará alguien mientras corre por Hyde Park enarbolando una acción del RBS: es posible: el Estado tiene muchas: el 80% de su capital. ‘Mmmmmm, el próximo curso Ud. deberá pagar el 50% de la escuela a la que va su hijo, o el 40% del arreglo que se le ha hecho a su pierna rota: ¡se lo vamos a dar en acciones de Northern Rock!’, puede que exclame Mr. Osborne por la BBC en una entrevista emitida en prime time).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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