Una suspensión de pagos en EE.UU. es posible

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Carlos Montero.

Existe una gran preocupación por el mercado de deuda de EE.UU., y quien tomará el papel de gran comprador de bonos que la FED ha estado llevando a cabo por las medidas de relajación monetaria, tras el fin de estas en junio. En otras ocasiones hemos traído a estas páginas los comentarios de grandes inversores mundiales como Mohamed El-Erian y Bill Gross de PIMCO, sobre el negro panorama del mercado de deuda en EE.UU. Hoy publicaremos un interesante acercamiento a esta problemática que ha realizado el Wall Street Journal, a través de los ojos de varios de los gestores más importantes a nivel mundial, mostrándonos su gran preocupación sobre una posible suspensión de pagos en EE.UU., o la implantación de medidas de represión financiera, aún más dañinas en el largo plazo.

Desde al menos 2009, los analistas e inversores profesionales han estado prediciendo el fin del mercado alcista de tres décadas de duración en el mercado de bonos. Hasta ahora se han equivocado siempre.

A principios de la semana pasada, sin embargo, los EE.UU. alcanzaron su límite de deuda –la cantidad total de préstamo que el Congreso de los EE.UU. autorizó al Departamento del Tesoro. El Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, advirtió a principio de agosto que los EE.UU. podrían entrar en impago, si el Congreso no aprobaba una ley para que el gobierno pudiera pedir más dinero prestado para cumplir con sus obligaciones. Desde 1978, el Congreso ha elevado el límite de endeudamiento en 51 ocasiones.

El mercado de deuda parece hacer caso omiso a esta posibilidad, y se centra en cambio en la política de la FED de mantener los tipos en niveles históricamente bajos y en el ritmo de la recuperación económica. La compra masiva de activos del Tesoro por parte de la FED ha inundado los bancos y las casas de bolsa con dinero en efectivo.

Sin embargo, de una manera más profunda, si existe una preocupación sobre esta situación.

Daniel Fuss, gestor de 146.000 millones de dólares en renta fija para Loomis Sayles en Boston, afirma que “la actitud oficial de los profesionales es no parecer preocupado, pero en el fondo existe la percepción entre muchos de ellos de que una suspensión de pagos es posible. Yo, realmente, sí lo estoy”.

Otros gestores están preocupados por la deuda a largo plazo.

Robert Rodríguez, presidente ejecutivo de First Pacific Advisors, afirma que “no vamos a prestar dinero a largo plazo a un prestatario que fiscalmente es irresponsable (gobierno de los EE.UU.). Su empresa no posee bonos del Tesoro a un vencimiento superior al 2012, en parte porque creen que los EE.UU. están acumulando déficits insostenibles.

Daniel Fuss también está reduciendo de forma considerable la duración media de su cartera, en lo que es su mayor cambio estratégico en 30 años.

Aunque pocos inversores lo recuerdan, los EE.UU. ya coquetearon con un incumplimiento técnico antes. En abril y mayo de 1979, en medio de problemas informáticos, una fuerte demanda de los pequeños inversores y en la estela del debate del Congreso sobre la ampliación del límite de deuda, los EE.UU. no hicieron los pagos a tiempo de unos 122 millones de dólares en bonos del Tesoro. El organismo calificó este hecho como un retraso, no como un impago. Aunque este “retraso” solo afectó al 1% de la deuda de los EE.UU., los tipos a corto saltaron un 0,6% y el país fue demandado por los tenedores de bonos por incumplimiento de contrato.

Tal vez la mayor preocupación no es un “default” sino como Carmen Reinhart de Peterson Institute for International Economics denomina, una represión financiera.

En decenas de casos anteriores, los gobiernos han utilizado instrumentos que han dañado la deuda de los tenedores si necesidad de negarse a pagar los intereses. Por ejemplo, al mantener los tipos de interés a corto por debajo del nivel de inflación, un gobierno puede pagar a sus tenedores de bonos con el abaratamiento del dinero. A través de reglamentos se puede obligar a los bancos y otras firmas financieras a comprar más deuda pública. Como resultado, las rentabilidades actuales y los retornos ajustados a inflación de los bonos corporativos caen.

“El objetivo fundamental de la represión financiera es establecer las condiciones necesarias para que el crédito gubernamental sea lo más barato posible. Veo hoy en día, como el escenario más probable”, afirma Reinhart.

La represión financiera tiene un efecto dominó. La FED va a arrastrar a la baja los tipos por todas partes, solo por bajar los tipos a corto en EE.UU. Los inversores que no están bajo la bota del Tío Sam, pueden mover su dinero a otra parte, haciendo subir los precios y bajar las rentabilidades de los activos de otras partes del mundo.

Esto puede estar ya sucediendo. Las compras mensuales de bonos del Tesoro por inversores extranjeros se redujeron de 118.000 millones de dólares en Agosto 2010 a 27.000 millones de dólares en marzo.

La represión financiera puede obligar a las instituciones de EE.UU. a comprar bonos con un rendimiento que garantiza una rentabilidad negativa en el largo plazo.

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